El costo del conocimiento: boicot a Elsevier

El pasado 21 de enero, el matemático de la Universidad de Cambridge, Timothy Gowers, publicó en su blog una encendida protesta contra las prácticas monopólicas y abusivas de la mayor editorial académica del mundo, Elsevier. Si bien numerosos científicos han protestado anteriormente, y por causas muy parecidas, esta vez la airada queja de uno solo devino en un boicot organizado que podría significar un verdadero “turning point” en el mundo editorial y académico.

Las principales objeciones lanzadas por Gowers incluyen el precio exorbitante de los artículos publicados en cualquiera de los journals editados por Elsevier, la dudosa práctica de “obligar” a las bibliotecas a comprar “paquetes” de revistas en los que sólo unas pocas son de su verdadero interés, y el hecho de que Elsevier se haya manifestado a favor de las polémicas leyes SOPA, PIPA y, principalmente, la Research Works Act. Este último proyecto de ley estadounidense, presentado en diciembre de 2011, que se suma a las leyes “antipiratería” antes mencionadas, podría prohibir el acceso abierto a trabajos publicados en forma privada, aun si estos fueron financiados con fondos del estado.

En su artículo, Gowers plantea por qué muchos científicos continúan publicando sus trabajos en revistas editadas por Elsevier (es decir, pagando para publicar) y plantea también por qué podría ser una buena idea dejar de hacerlo. Por otra parte, invita a los científicos a hacer algo como comunidad, en vistas de que coordinar intereses tan complejos y opuestos como los de las bibliotecas y las editoriales es poco menos que imposible. De ese modo, sugiere que la creación de una página web donde los científicos pudieran declarar públicamente que ya no van no sólo a publicar sino que tampoco harán tareas de edición o de referato para revistas vinculadas a Elsevier podría ser el primer paso para que las cosas se reviertan a favor del acceso irrestricto al conocimiento.

Es así que lo que comenzó como una protesta individual se ha convertido ahora en un boicot organizado, ya que pocos días después de la publicación del artículo de Gowers, alguien tomó su sugerencia y abrió una página web donde los investigadores pueden dejar su firma a modo de petitorio y aclarar qué es lo que ya no harán (publicar, editar o revisar) hasta que Elsevier cambie radicalmente sus prácticas.

Por otra parte, algunos responsables de Elsevier han salido a hacer declaraciones que, sin embargo, no los dejan muy bien parados. Cuando se los consultó acerca de los precios para publicar en sus distintos journals evitaron cualquier tipo de detalles. Tampoco esclarecieron cómo es realmente la práctica de los “paquetes” que las bibliotecas deben adquirir y minimizaron la cuestión aduciendo que las revistas que no les interesan a unos científicos les interesarán a otros.

Por último, y como bien señala Gowers en su artículo, Elsevier no es la única editorial que se maneja de este modo, pero es, sin duda, “la peor”.

Más información en:

The Chronicle of Higher Education

El Mundo

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