Humanidades Digitales. Construcciones locales en contextos globales

Los objetos utilizados en la investigación científica que son comunes a varias disciplinas o comunidades son definidos, desde una aproximación sociológica, como boundary objects u objetos frontera (Star & Griesemer, 1989). Estos objetos adquieren diferentes significados dependiendo del espacio en el que se insertan, pero mantienen una estructura común que los hace reconocibles por las diferentes comunidades (Star & Griesemer 1989: 393).

Más allá de su carácter de objeto, campo o (trans)disciplina, las Humanidades Digitales pueden ser entendidas como un objeto frontera. Disputadas por las Humanidades en sus disciplinas más tradicionales (para botón de muestra, este de la Humboldt Chair de la Universidad de Leipzig) y por las Ciencias Sociales (los Software Studies de Lev Manovich), entendidas como acto crítico humanista (el tan mentado digital turn) o como práctica científica (en tanto competencias digitales como la codificación de textos), se debaten hoy en día en ese lugar de intersección, ese punto de encuentro que hace de ellas un objeto frontera complejo y a la vez atractivo.

Como he afirmado en otros lugares (Rio Riande, 2015ab; Rio Riande 2016), sin lugar a dudas, las Digital Humanities (y no las Humanidades Digitales) son hoy en día parte del campo científico norteamericano y europeo que utiliza el inglés como lingua franca. Una gran oferta de cursos de postgrado, cursos de verano, centros, laboratorios, y publicaciones y revistas científicas sostienen y legitiman su discurso, tal y como nos lo enseñó Pierre Bourdieu. Su reformateo nominal y conceptual lleva poco más de diez años, cuando John Unsworth, uno de los editores del fundacional A Companion to Digital Humanities (Schreibman et al., 2004), decidió superar, en el título de este libro, la herencia instrumental de la Humanist Computing (Informática Humanística) e integrar las distintas líneas de investigación que habían surgido en torno a esta (la digitalización, la edición digital, los estudios críticos acerca de los usos de la tecnología, etc.). Pero las prácticas -más o menos instrumentales- en este campo cuentan con una larga trayectoria que desde aproximadamente 1949 fue sustentada por proyectos de investigación relacionados con la Lingüística, como el Index Thomisticus del Padre Busa, la Computerized Concordance to the Revised Standard Version of the Bible de John W. Ellison, o la Machine Translation, híbridos universitarios modelados desde los Estados Unidos de Norteamérica por IBM y Remington (Rio Riande, 2015b).

 

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Computadora UNIVAC usada por el equipo de Ellison para la Conconrdance

Este paisaje es muy diferente para la comunidad de habla hispana, donde el desarrollo y la aplicación de las Humanidades Digitales en el curriculo universitario y la investigación resulta buen ejemplo de la dificultad de transposición de la disciplina tal y como se construyó dentro de los English Departments (Kirschenbaum, 2010). Y no porque hayan llegado tarde a la cita sino porque no pueden adaptarse por completo al modelo que hoy los grandes centros universitarios y la literatura sobre el tema han institucionalizado (Rio Riande, 2015b). Para aclarar esto solo hace falta recordar que Francisco Marcos Marín, profesor español, había empezado a hablar ya en 1986, de “metodología informática” para las Humanidades en la revista argentina dedicada a la edición de textos y la crítica textual, Incipit, y que por 1997 Estelle Irizarry pensaba en usar la computadora para el análisis literario. Latinoamérica, más preocupada por la teorización en lo que hace al rol de la tecnología en los medios de comunicación, establecería tempranamente un marco conceptual hoy extendido a distintos ámbitos de lo digital, a través de, por ejemplo, los trabajos de Jesús Martín-Barbero y el fortalecimiento de las distintas líneas sobre cultura digital en Ciencias de la Comunicación o Periodismo. Así, la oferta española en Humanidades Digitales cada día suma más en másters y títulos propios (LINHD-UNED, Universidad Complutense de Madrid, Universidad Autónoma de Barcelona, Pablo de Olavide), identificando principalmente Humanidades Digitales con trabajo filológico y relacionado principalmente con la edición de textos académicos (Rio Riande, 2015b). En Latinoamérica, por el contrario, no existe una oferta posgrado en Humanidades Digitales, pero se gana en cantidad de eventos sobre Humanidades Digitales de tono menos académico (THATCamp Cuba 2012, que repite este año, THATCamp México 2012, THATCamp Buenos Aires 2013, organizado por quien escribe estas líneas), hackatones, makerspaces, etc. (Rio Riande, 2015a). Ambos coinciden en haber empezado a sembrar el campo con espacios tipo laboratorio (LINHD-UNED, MediaLab USAL, MediaLab Prado, IaText, en España; LABTEC y LINHD en Argentina, TadeoLab en Colombia, eLaboraHD en México, entre otros). Finalmente, el asociacionismo ha resultado el mejor aliado en la constitución del campo hispánico. Las tres asociaciones de Humanidades Digitales (RedHD de México, HDH de España y AAHD de Argentina) han  venido organizando desde 2012 congresos y eventos específicos sobre el tema y han tomado el legado de eventos específicos como el Día de las Humanidades Digitales/DayofDH (al que ya te puedes sumar).

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En conclusión, la adaptación de las Digital Humanities a un lado y otro del océano Atlántico ha dado lugar al desarrollo de diferentes líneas de investigación y a la construcción de una comunidad plural y dinámica que pone en circulación sus teorías, sus prácticas y sus nuevos objetos, no sólo dentro de la academia sino también en zonas periféricas  y a través de novedosas formas de organización en torno a asociaciones, laboratorios, centros de estudios y proyectos de investigación. Así, lineamientos globales se cruzan con condiciones de posibilidad locales, dando lugar a nuevas experiencias que definen progresivamente el campo.

Este es un breve estado de la cuestión que entiende que en el modo en el que lo digital está interviniendo en las Humanidades lo global nunca fue tan local y viceversa. Es también el que desde nuestra Asociación Argentina de Humanidades Digitales (AAHD) traemos para guiar nuestro próximo congreso, en noviembre de este año y cuya temática sigue a las I Jornadas del año 2014, en las que nos interesábamos  por descubrir las tecnologías, culturas y saberes que compartíamos en nuestra comunidad frontera de humanistas digitales, y a los eventos que organizamos en 2015.

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Si querés saber más sobre nuestro congreso y cómo participar: http://www.aacademica.org/aahd.congreso

Si querés saber más sobre la AAHD y cómo ser parte de ella: http://aahd.com.ar/

Si querés saber más sobre mí:  

http://linhd.uned.es/gimenadelrio/
http://www.iibicrit-conicet.gov.ar/ 

 

Referencias bibliográficas

Kirschenbaum, M. (2010). “What is Digital Humanities and What is Doing in English Departments?”, ADE Bulletin 150, pp. 1-7. https://mkirschenbaum.files.wordpress.com/2011/01/kirschenbaum_ade150.pdf

Rio Riande, G. del (2015a). “¿De qué hablamos cuando hablamos de Humanidades Digitales II?” Docentes en línea. http://blogs.unlp.edu.ar/didacticaytic/2015/05/04/de-que-hablamos-cuando-hablamos-de-humanidades-digitales/  

_____ (2015b). “Humanidades Digitales. Mito, actualidad y condiciones de posibilidad en España y América Latina“. ArtyHum, monográfico 1.

_____ (2016). “Las Humanidades Digitales desde ArtyHum. Decir, hacer, fundar entre todos”, ArtyHum 22.

Schreibman, S.; Siemens, R. & Unsworth, J. (2004). A Companion to Digital Humanities, Oxford, Blackwell. http://www.digitalhumanities.org/companion/

Star, Susan & Griesemer, James (1989). “Institutional Ecology, ‘Translations’ and Boundary Objects: Amateurs and Professionals in Berkeley’s Museum of Vertebrate Zoology, 1907-39”, Social Studies of Science 19 (3): 387-420. 

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