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<title>Número 15</title>
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<updated>2026-03-07T03:26:42Z</updated>
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<title>Revista de libros, no. 15</title>
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<name>Sbarra, Noel Humberto</name>
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<name>Marinkev, Nicolás</name>
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<name>Giacobbe, Oreste</name>
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<name>Castagnino, Raúl Héctor</name>
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<name>Alí Jafella, Sara Jimy</name>
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<name>Lapalma, Martha Georgina</name>
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<name>Presas, Mario Alfonso</name>
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<name>Salemme, Marcos T.</name>
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<name>Blasi, Hebe Judith</name>
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<name>Baradello de Marchionni, Carla</name>
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<updated>2025-11-13T18:50:50Z</updated>
<published>1961-12-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Revision
Revista de la Universidad; no. 15
Se reseñan las siguientes obras: &#13;
* Alejandro Korn: &lt;i&gt;El pensamiento argentino&lt;/i&gt;. Ed. Nova, Buenos Aires, 1961; volumen rústica, 260 páginas.&#13;
* David Bohm: &lt;i&gt;Causalidad y azar en la física moderna&lt;/i&gt;. Traducción de Daisy Learn. Prólogo de Louis de Broglie. Edición de la Universidad Nacional Autónoma de México. México, 1959; vol. rústica, 254 págs.&#13;
* Claude A. Villee: &lt;i&gt;Biología&lt;/i&gt;. Traducción del doctor Jorge E. Wright. Revisión técnica a cargo de la doctora M. Blei y del traductor Ed. EUDEBA, Buenos Aires, 1961; vol. rústica, 719 págs.&#13;
* Alonso Zamora Vicente: &lt;i&gt;Lope de Vega. Vida y obra&lt;/i&gt;. Madrid. Editorial Gredos, 1961, vol. rústica, 296 págs.&#13;
* Hans Reichenbach: &lt;i&gt;El sentido del tiempo&lt;/i&gt;. Traducción de Ana S. de Liberman. Prefacio de María Reichenbach. Edición de la Universidad Nacional Autónoma de México. México, 1960, 390 páginas.&#13;
* Max Müller: &lt;i&gt;Crisis de la metafísica&lt;/i&gt;. Versión castellana y notas del profesor Ansgar Klein. Editorial Sur, Buenos Aires, 1961, vol. rústica, 171 págs.&#13;
* Max Scheller: &lt;i&gt;El santo, el genio, el héroe&lt;/i&gt;. Editorial Nova, Buenos Aires, 1961. (Traducción de Elsa Tabernig); Vol. rústica, 169 págs.&#13;
* Ernesto Mayz Vallenilla: &lt;i&gt;Ontología del Conocimiento&lt;/i&gt;. Universidad Central de Venezuela. Facultad de Humanidades y Educación. Instituto de Filosofía. Caracas, 1960. Encuadernado en tela, 454 págs.&#13;
* C. G. Jung: &lt;i&gt;Sobre cosas que se ven en el cielo&lt;/i&gt;. Traducción de Alberto Luis Bixio. Editorial Sur. Colección Ensayos. Buenos Aires, 1961. Vol. rústica, 206 págs.&#13;
* &lt;i&gt;Archivo del Coronel Doctor Marcos Paz&lt;/i&gt;. Publicación encomendada al Instituto de Historia Argentina de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, por ordenanza del Consejo Universitario, 24 de agosto de 1956, con introducción de Carlos Heras, director del Instituto, Tomo I (1835-1854), 1959; 387 páginas. Tomo II (1858-1862), 1961, 384 páginas, La Plata.&#13;
* &lt;i&gt;Archivos de Ciencias de la Educación&lt;/i&gt;. (Departamento de Ciencias de la Educación. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata). Nº 1 (Tercera época).&#13;
La Plata, 1961. Vol. de 132 págs.
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<dc:date>1961-12-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Se reseñan las siguientes obras: &#13;
* Alejandro Korn: &lt;i&gt;El pensamiento argentino&lt;/i&gt;. Ed. Nova, Buenos Aires, 1961; volumen rústica, 260 páginas.&#13;
* David Bohm: &lt;i&gt;Causalidad y azar en la física moderna&lt;/i&gt;. Traducción de Daisy Learn. Prólogo de Louis de Broglie. Edición de la Universidad Nacional Autónoma de México. México, 1959; vol. rústica, 254 págs.&#13;
* Claude A. Villee: &lt;i&gt;Biología&lt;/i&gt;. Traducción del doctor Jorge E. Wright. Revisión técnica a cargo de la doctora M. Blei y del traductor Ed. EUDEBA, Buenos Aires, 1961; vol. rústica, 719 págs.&#13;
* Alonso Zamora Vicente: &lt;i&gt;Lope de Vega. Vida y obra&lt;/i&gt;. Madrid. Editorial Gredos, 1961, vol. rústica, 296 págs.&#13;
* Hans Reichenbach: &lt;i&gt;El sentido del tiempo&lt;/i&gt;. Traducción de Ana S. de Liberman. Prefacio de María Reichenbach. Edición de la Universidad Nacional Autónoma de México. México, 1960, 390 páginas.&#13;
* Max Müller: &lt;i&gt;Crisis de la metafísica&lt;/i&gt;. Versión castellana y notas del profesor Ansgar Klein. Editorial Sur, Buenos Aires, 1961, vol. rústica, 171 págs.&#13;
* Max Scheller: &lt;i&gt;El santo, el genio, el héroe&lt;/i&gt;. Editorial Nova, Buenos Aires, 1961. (Traducción de Elsa Tabernig); Vol. rústica, 169 págs.&#13;
* Ernesto Mayz Vallenilla: &lt;i&gt;Ontología del Conocimiento&lt;/i&gt;. Universidad Central de Venezuela. Facultad de Humanidades y Educación. Instituto de Filosofía. Caracas, 1960. Encuadernado en tela, 454 págs.&#13;
* C. G. Jung: &lt;i&gt;Sobre cosas que se ven en el cielo&lt;/i&gt;. Traducción de Alberto Luis Bixio. Editorial Sur. Colección Ensayos. Buenos Aires, 1961. Vol. rústica, 206 págs.&#13;
* &lt;i&gt;Archivo del Coronel Doctor Marcos Paz&lt;/i&gt;. Publicación encomendada al Instituto de Historia Argentina de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, por ordenanza del Consejo Universitario, 24 de agosto de 1956, con introducción de Carlos Heras, director del Instituto, Tomo I (1835-1854), 1959; 387 páginas. Tomo II (1858-1862), 1961, 384 páginas, La Plata.&#13;
* &lt;i&gt;Archivos de Ciencias de la Educación&lt;/i&gt;. (Departamento de Ciencias de la Educación. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata). Nº 1 (Tercera época).&#13;
La Plata, 1961. Vol. de 132 págs.</dc:description>
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<title>Versión europea de Vallejo</title>
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<name>Yurkievich, Saúl</name>
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<updated>2022-02-03T20:04:32Z</updated>
<published>1961-12-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Contribucion a revista
Revista de la Universidad; no. 15
Auspiciosa sorpresa nos depara el filólogo italiano Giovanni Meo Zilio con su estudio sobre Vallejo, cuidadosamente elaborado. Ya conocíamos un buen trabajo de exégesis escrito en castellano por el crítico francés André Coyné durante su permanencia en el Perú. Pero el libro de Meo Zilio, también compuesto en parte en Uruguay, donde el autor residió algunos años, es el primero que sobre el tema se publica en Europa y en una lengua no hispánica. Hecho doblemente remarcable, ya que permite la difusión de Vallejo en un medio poco conocedor de su poesía y prueba el alcance que va cobrando la obra de un americano de tanta envergadura.
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<dc:date>1961-12-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Auspiciosa sorpresa nos depara el filólogo italiano Giovanni Meo Zilio con su estudio sobre Vallejo, cuidadosamente elaborado. Ya conocíamos un buen trabajo de exégesis escrito en castellano por el crítico francés André Coyné durante su permanencia en el Perú. Pero el libro de Meo Zilio, también compuesto en parte en Uruguay, donde el autor residió algunos años, es el primero que sobre el tema se publica en Europa y en una lengua no hispánica. Hecho doblemente remarcable, ya que permite la difusión de Vallejo en un medio poco conocedor de su poesía y prueba el alcance que va cobrando la obra de un americano de tanta envergadura.</dc:description>
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<title>Desde los Estados Unidos: Carta de becarios</title>
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<name>Martín, Julio M.</name>
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<updated>2022-02-04T04:14:22Z</updated>
<published>1961-12-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Contribucion a revista
Revista de la Universidad; no. 15
El director de la Revista de la Universidad —siempre a la pesca de becarios argentinos en el extranjero- ha transformado la grata tarea de reflejar algunas impresiones en una gestión ardua; al solicitarme esta carta me ha confesado su destino y con ello se ha quebrado la natural intimidad que debe presidir la actividad epistolar, enfrentándome al mismo tiempo a las casi aterrorizantes implicaciones que tiene para mí la tipografía que, en su monótono y geométrico paralelismo, crea la idea de una jaula. Trataré de buscar alguna rendija en esta jaula y, burlando la custodia estilística del celoso y eficiente Director, brindarles algunas desaliñadas imágenes de este mundillo saintlouiseño.
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<dc:date>1961-12-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>El director de la Revista de la Universidad —siempre a la pesca de becarios argentinos en el extranjero- ha transformado la grata tarea de reflejar algunas impresiones en una gestión ardua; al solicitarme esta carta me ha confesado su destino y con ello se ha quebrado la natural intimidad que debe presidir la actividad epistolar, enfrentándome al mismo tiempo a las casi aterrorizantes implicaciones que tiene para mí la tipografía que, en su monótono y geométrico paralelismo, crea la idea de una jaula. Trataré de buscar alguna rendija en esta jaula y, burlando la custodia estilística del celoso y eficiente Director, brindarles algunas desaliñadas imágenes de este mundillo saintlouiseño.</dc:description>
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<title>La ciudad perdida</title>
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<author>
<name>Sbarra, Noel Humberto</name>
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<updated>2022-02-04T04:14:27Z</updated>
<published>1961-12-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Contribucion a revista
Revista de la Universidad; no. 15
La distancia de Lima al Cuzco por tierra es de 1.170 kilómetros: un largo viaje junto al mar, primero, atravesando desiertos salpicados aquí y allá por islas vegetales que como banderitas verdes clavadas en un mapa color arena señalan los lugares habitados. Después de Nazca —el pueblo de las maravillosas cerámicas arqueológicas—, la ruta toma decididamente hacia el oeste, internándose en el paisaje andino, cada vez más alto, cada vez más solo, cada vez más frío... Si esta travesía se hace en el ómnibus público, insume tres días y dos noches. En cambio, “por aire” no hay más que 600 kilómetros, que el avión hace en un par de horas volando en medio de un desfiladero formado por las altas montañas, entre las que se destaca, impresionante, el nevado Salcantay, que sobrepasa los seis mil metros.&#13;
Hace exactamente cincuenta años —fue el 24 de julio de 1911— la “ciudad perdida” apareció, como surgiendo del misterio, ante la atónita mirada azul de Hiram Bingham, un joven profesor de historia hispanoamericana de la Universidad de Yale. El cincuentenario del magno hecho arqueológico nos anima a trasladar a estas páginas los apuntes de nuestro “carnet de viaje”.
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<dc:description>La distancia de Lima al Cuzco por tierra es de 1.170 kilómetros: un largo viaje junto al mar, primero, atravesando desiertos salpicados aquí y allá por islas vegetales que como banderitas verdes clavadas en un mapa color arena señalan los lugares habitados. Después de Nazca —el pueblo de las maravillosas cerámicas arqueológicas—, la ruta toma decididamente hacia el oeste, internándose en el paisaje andino, cada vez más alto, cada vez más solo, cada vez más frío... Si esta travesía se hace en el ómnibus público, insume tres días y dos noches. En cambio, “por aire” no hay más que 600 kilómetros, que el avión hace en un par de horas volando en medio de un desfiladero formado por las altas montañas, entre las que se destaca, impresionante, el nevado Salcantay, que sobrepasa los seis mil metros.&#13;
Hace exactamente cincuenta años —fue el 24 de julio de 1911— la “ciudad perdida” apareció, como surgiendo del misterio, ante la atónita mirada azul de Hiram Bingham, un joven profesor de historia hispanoamericana de la Universidad de Yale. El cincuentenario del magno hecho arqueológico nos anima a trasladar a estas páginas los apuntes de nuestro “carnet de viaje”.</dc:description>
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<title>El coro de estudiantes de Ingeniería: Progenitor del Coro Universitario de La Plata</title>
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<name>Azzarini, Emilio</name>
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<updated>2022-02-04T04:14:30Z</updated>
<published>1961-12-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Contribucion a revista
Revista de la Universidad; no. 15
En 1941 actúa en La Plata una entidad juvenil extranjera que señala nuevos rumbos a su población estudiantil. Nos referimos al Coro de alumnos de la Universidad de Yale. Si bien ofrece un sólo concierto en el Teatro Argentino, el efecto que desencadena es asombroso.&#13;
El espectáculo ofrecido por el Coro de Yale sobrepasa a todos por el mensaje sonoro específico de que es portador. Al conjuro de las típicas canciones estudiantiles de los más diversos países del orbe, el conjunto estadounidense refulge con brillo particular, propicio para expandir en nuestro medio universitario otra vibración diferente, otra tónica distinta, y, por así decirlo, una diversa mística coral, al mostrar que el enorme cancionero universal acarrea un entrañable tesoro de cantos estudiantiles, capaces de conmover a la juventud de cualquier rincón del mundo. Por otra parte, descubre un nuevo evangelio de unión, convivencia y confraternidad universitaria condensado en el lema: Amistad por la Música.&#13;
El ejemplo tiene repercusión inmediata. Dos flamantes instituciones surgen en 1941: por un lado, la “Agrupación Coral Universitaria, que congrega a alumnos de todas las dependencias de la Universidad. Por el otro, el “Coro de Ingeniería”, patrocinado por el respectivo Centro, con participación exclusiva de estudiantes de la mencionada Facultad.
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<dc:date>1961-12-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>En 1941 actúa en La Plata una entidad juvenil extranjera que señala nuevos rumbos a su población estudiantil. Nos referimos al Coro de alumnos de la Universidad de Yale. Si bien ofrece un sólo concierto en el Teatro Argentino, el efecto que desencadena es asombroso.&#13;
El espectáculo ofrecido por el Coro de Yale sobrepasa a todos por el mensaje sonoro específico de que es portador. Al conjuro de las típicas canciones estudiantiles de los más diversos países del orbe, el conjunto estadounidense refulge con brillo particular, propicio para expandir en nuestro medio universitario otra vibración diferente, otra tónica distinta, y, por así decirlo, una diversa mística coral, al mostrar que el enorme cancionero universal acarrea un entrañable tesoro de cantos estudiantiles, capaces de conmover a la juventud de cualquier rincón del mundo. Por otra parte, descubre un nuevo evangelio de unión, convivencia y confraternidad universitaria condensado en el lema: Amistad por la Música.&#13;
El ejemplo tiene repercusión inmediata. Dos flamantes instituciones surgen en 1941: por un lado, la “Agrupación Coral Universitaria, que congrega a alumnos de todas las dependencias de la Universidad. Por el otro, el “Coro de Ingeniería”, patrocinado por el respectivo Centro, con participación exclusiva de estudiantes de la mencionada Facultad.</dc:description>
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<title>La serpiente emplumada: Visita al país de los aztecas</title>
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<name>San Martín, Hernán</name>
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<updated>2022-02-04T04:14:33Z</updated>
<published>1961-12-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Contribucion a revista
Revista de la Universidad; no. 15
La leyenda de Quetzalcoatl, dios del viento y héroe legendario civilizador de los pueblos mexicanos, lo representa como una serpiente emplumada que vino del norte y que después de civilizar a toltecas, mayas y aztecas, siguió al oriente ofreciendo volver sin decir cuándo. Quetzalcoatl era originalmente tolteca, pero lo adoptaron también los mayas de Yucatán con el nombre de Kukulcán y luego los aztecas.
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<dc:date>1961-12-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>La leyenda de Quetzalcoatl, dios del viento y héroe legendario civilizador de los pueblos mexicanos, lo representa como una serpiente emplumada que vino del norte y que después de civilizar a toltecas, mayas y aztecas, siguió al oriente ofreciendo volver sin decir cuándo. Quetzalcoatl era originalmente tolteca, pero lo adoptaron también los mayas de Yucatán con el nombre de Kukulcán y luego los aztecas.</dc:description>
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<title>En la ruta de Don Quijote</title>
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<name>Castillo, Horacio</name>
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<updated>2022-02-04T04:14:35Z</updated>
<published>1961-12-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Contribucion a revista
Revista de la Universidad; no. 15
Una mañana de julio dejé mi alojamiento madrileño y sin otra compañía que “El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes, y “La ruta de don Quijote de Azorín, tomé el tren hacia Alcázar de San Juan. Era el mismo mes estival en que el sol casi derrite los sesos al bueno de Alonso Quijano cuando, tras limpiar lar armas de sus bisabuelos, inició lo que Cide Hamete y ya la historia designan como su primera salida. La ruta de don Quijote, bautizada, divulgada y recreada por Azorín, comprende diversos lugares como Argamasilla de Alba, Puerto Lápice, Campo de Criptana o El Toboso, que se suponen escenario de las famosas aventuras andantescas. Dicha ruta no tiene, claro está, otros visitantes que los devotos del Caballero de la Triste Figura, quienes la recorren con lágrimas en los ojos y el corazón desbordante de entusiasmo. Antes que yo habían pasado por allí estudiantes holandeses que hacían el camino a caballo y dos diplomáticos latinoamericanos que viajaban a pie. Si esta adhesión ha engendrado el Ingenioso Hidalgo a tres siglos y medio de su nacimiento, ¿quién podrá dudar que tuvo existencia real, que vivió y murió en la tierra manchega cuyas aldeas, según lo previo el historiador arábigo, contendieron por ahijársele y tenerle por suyo como las siete ciudades griegas lo hicieron con Homero?
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<dc:date>1961-12-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Una mañana de julio dejé mi alojamiento madrileño y sin otra compañía que “El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes, y “La ruta de don Quijote de Azorín, tomé el tren hacia Alcázar de San Juan. Era el mismo mes estival en que el sol casi derrite los sesos al bueno de Alonso Quijano cuando, tras limpiar lar armas de sus bisabuelos, inició lo que Cide Hamete y ya la historia designan como su primera salida. La ruta de don Quijote, bautizada, divulgada y recreada por Azorín, comprende diversos lugares como Argamasilla de Alba, Puerto Lápice, Campo de Criptana o El Toboso, que se suponen escenario de las famosas aventuras andantescas. Dicha ruta no tiene, claro está, otros visitantes que los devotos del Caballero de la Triste Figura, quienes la recorren con lágrimas en los ojos y el corazón desbordante de entusiasmo. Antes que yo habían pasado por allí estudiantes holandeses que hacían el camino a caballo y dos diplomáticos latinoamericanos que viajaban a pie. Si esta adhesión ha engendrado el Ingenioso Hidalgo a tres siglos y medio de su nacimiento, ¿quién podrá dudar que tuvo existencia real, que vivió y murió en la tierra manchega cuyas aldeas, según lo previo el historiador arábigo, contendieron por ahijársele y tenerle por suyo como las siete ciudades griegas lo hicieron con Homero?</dc:description>
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<title>Un episodio de la vida médica del Dr. Repetto</title>
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<name>Cavazzutti, Giordano B.</name>
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<updated>2022-02-04T04:14:37Z</updated>
<published>1961-12-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Contribucion a revista
Revista de la Universidad; no. 15
Por intuición y tal vez por temperamento, más que por lecturas, el doctor Nicolás Repetto ajustó su larga y laboriosa vida —el 21 de octubre cumplió noventa años con su cerebro prodigiosamente lúcido— a ese positivismo filosófico que sistematizó Augusto Comte, positivismo que probablemente nos vendrá de Aristóteles. A los que estudiábamos a su lado nos inculcaba que en medicina, para la realización del acto al parecer más insignificante había que prestar el mayor cuidado a fin de que ese acto resultara lo más perfecto posible. Era el determinismo que Hipólito Taine volcó en su Filosofía del Arte ya que si la medicina es una ciencia en su estudio también es arte en su aplicación.
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<dc:date>1961-12-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Por intuición y tal vez por temperamento, más que por lecturas, el doctor Nicolás Repetto ajustó su larga y laboriosa vida —el 21 de octubre cumplió noventa años con su cerebro prodigiosamente lúcido— a ese positivismo filosófico que sistematizó Augusto Comte, positivismo que probablemente nos vendrá de Aristóteles. A los que estudiábamos a su lado nos inculcaba que en medicina, para la realización del acto al parecer más insignificante había que prestar el mayor cuidado a fin de que ese acto resultara lo más perfecto posible. Era el determinismo que Hipólito Taine volcó en su Filosofía del Arte ya que si la medicina es una ciencia en su estudio también es arte en su aplicación.</dc:description>
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<title>¿Dónde está hoy la fenomenología?</title>
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<author>
<name>Diemer, Alwin</name>
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<updated>2022-02-04T04:14:39Z</updated>
<published>1961-12-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Revista de la Universidad; no. 15
El hecho de que la fenomenología constituye un elemento importante y decisivo en la vida intelectual del siglo XX, por lo menos en la primera mitad y hasta el presente, puede ser considerado hoy como algo históricamente indiscutible. Esto es válido tanto en un sentido amplio como en uno estricto. En este último cuando se entiende por fenomenología una corriente filosófica específica, y, en sentido amplio, cuando con ella se resume todo lo que se ha presentado bajo ese nombre en los diversos ámbitos de la cultura, ya sea con referencia a la filosofía o por sí mismo. Pues tanto en el dominio de lo extracientífico —en la poesía moderna, por ejemplo— como en el de lo propiamente científico —y, en éste, no sólo en la ciencia espiritual (piénsese en la psicología, la psiquiatría, la sociología, la etnología, etc, sino también en la ciencia natural— se habla por todas partes acerca de fenomenología, de método fenomenológico, etc. En tal situación surge hoy la necesidad de una reflexión, por dos motivos. El primero es el fundamental: si la fenomenología pretende ser filosofía, le corresponde reflexionar sobre aquello que ella es y sobre lo que quiere ser. Desde los comienzos de la filosofía en el pensamiento griego, la exigencia del "Lógon dídonaí", del dar cuenta, acompaña hasta el presente a todo filosofar. Aquí aparece entonces, para la fenomenología en particular, una segunda necesidad de reflexión. Su evolución como corriente intelectual específica parece haber llegado a un estado crítico en el que se impone la siguiente pregunta: ¿se trata de una crisis de la fenomenología, de la cual puede resurgir una nueva vida mediante una re-formación, o ha pasado ya el tiempo de la fenomenología, por lo menos en su forma clásica?
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<dc:date>1961-12-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>El hecho de que la fenomenología constituye un elemento importante y decisivo en la vida intelectual del siglo XX, por lo menos en la primera mitad y hasta el presente, puede ser considerado hoy como algo históricamente indiscutible. Esto es válido tanto en un sentido amplio como en uno estricto. En este último cuando se entiende por fenomenología una corriente filosófica específica, y, en sentido amplio, cuando con ella se resume todo lo que se ha presentado bajo ese nombre en los diversos ámbitos de la cultura, ya sea con referencia a la filosofía o por sí mismo. Pues tanto en el dominio de lo extracientífico —en la poesía moderna, por ejemplo— como en el de lo propiamente científico —y, en éste, no sólo en la ciencia espiritual (piénsese en la psicología, la psiquiatría, la sociología, la etnología, etc, sino también en la ciencia natural— se habla por todas partes acerca de fenomenología, de método fenomenológico, etc. En tal situación surge hoy la necesidad de una reflexión, por dos motivos. El primero es el fundamental: si la fenomenología pretende ser filosofía, le corresponde reflexionar sobre aquello que ella es y sobre lo que quiere ser. Desde los comienzos de la filosofía en el pensamiento griego, la exigencia del "Lógon dídonaí", del dar cuenta, acompaña hasta el presente a todo filosofar. Aquí aparece entonces, para la fenomenología en particular, una segunda necesidad de reflexión. Su evolución como corriente intelectual específica parece haber llegado a un estado crítico en el que se impone la siguiente pregunta: ¿se trata de una crisis de la fenomenología, de la cual puede resurgir una nueva vida mediante una re-formación, o ha pasado ya el tiempo de la fenomenología, por lo menos en su forma clásica?</dc:description>
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<title>Panorama actual y futuro de la pesca marítima en la Argentina</title>
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<name>Angelescu, Víctor</name>
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<updated>2022-02-04T04:14:42Z</updated>
<published>1961-12-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Revista de la Universidad; no. 15
Los problemas relacionados con la pesca marítima de la República Argentina encuentran cada día mayor atención por parte de los círculos gubernamentales, universitarios, de la industria conservera y entidades económicas y profesionales privadas, como también en la opinión pública general. Todo este interés en el ámbito nacional deriva, en primer término, de la gran extensión del mar epicontinental y su relativa abundancia en recursos renovables, y, en segundo término, de las posibilidades beneficiosas para la economía e higiene alimentarias del país, en el caso de que se aumente y mejore la producción de las pesquerías marítimas. La explotación pesquera e industrial de los recursos biológicos marinos se halla todavía en una fase extensiva y mantiene para los últimos tres decenios las mismas características comunes que se evidencian por: desarrollo lento en el aumento de las capturas anuales; concentración de las actividades extractivas en las áreas de pesca comercial vecinas al litoral bonaerense; rendimientos inferiores por unidad de esfuerzo de los medios técnicos de captura; número reducido de días en el tiempo destinado a la pesca efectiva durante el año o la temporada; concentración de la industria conservera en un solo puerto pesquero; alto precio de los productos extraídos e industrializados en comparación con el precio de los alimentos proteicos terrestres; limitación del mercado de consumo en fresco a un número reducido de centros urbanos; falta de una red de frío para la distribución de productos pesqueros en las regiones interiores del país; y exportaciones de escaso volumen de productos industrializados. Esta situación de la pesca marítima contrasta mucho con la de otros países del continente sudamericano y tiene mayor expresión cuantitativa si se examinan las estadísticas pesqueras en el marco internacional: la Argentina se sitúa en el cuarto lugar después de Perú, Chile y Brasil.
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<dc:date>1961-12-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Los problemas relacionados con la pesca marítima de la República Argentina encuentran cada día mayor atención por parte de los círculos gubernamentales, universitarios, de la industria conservera y entidades económicas y profesionales privadas, como también en la opinión pública general. Todo este interés en el ámbito nacional deriva, en primer término, de la gran extensión del mar epicontinental y su relativa abundancia en recursos renovables, y, en segundo término, de las posibilidades beneficiosas para la economía e higiene alimentarias del país, en el caso de que se aumente y mejore la producción de las pesquerías marítimas. La explotación pesquera e industrial de los recursos biológicos marinos se halla todavía en una fase extensiva y mantiene para los últimos tres decenios las mismas características comunes que se evidencian por: desarrollo lento en el aumento de las capturas anuales; concentración de las actividades extractivas en las áreas de pesca comercial vecinas al litoral bonaerense; rendimientos inferiores por unidad de esfuerzo de los medios técnicos de captura; número reducido de días en el tiempo destinado a la pesca efectiva durante el año o la temporada; concentración de la industria conservera en un solo puerto pesquero; alto precio de los productos extraídos e industrializados en comparación con el precio de los alimentos proteicos terrestres; limitación del mercado de consumo en fresco a un número reducido de centros urbanos; falta de una red de frío para la distribución de productos pesqueros en las regiones interiores del país; y exportaciones de escaso volumen de productos industrializados. Esta situación de la pesca marítima contrasta mucho con la de otros países del continente sudamericano y tiene mayor expresión cuantitativa si se examinan las estadísticas pesqueras en el marco internacional: la Argentina se sitúa en el cuarto lugar después de Perú, Chile y Brasil.</dc:description>
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<title>Aprovechamiento de la energía de las mareas</title>
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<name>Rodríguez, Camilo B.</name>
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<updated>2022-02-24T14:00:57Z</updated>
<published>1961-12-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Revista de la Universidad; no. 15
La idea del aprovechamiento de la enorme masa de energía que diariamente se disipa por el flujo y reflujo del mar junto a las costas oceánicas no es, ciertamente, nueva. En Francia, se han conocido desde hace siglos, en las numerosas rías y caletas de Normandía y Bretaña, los “moulins a marées” y algunos funcionan todavía. El Tratado de Arquitectura Hidráulica de B. Forest de Bélidor (1737), explica su teoría y sugiere dispositivos tendientes a asegurar la constancia de su funcionamiento. Desde entonces, innumerables, y a veces descabelladas, han sido las ideas que han surgido, en los países poseedores de costas marítimas con mareas de gran amplitud, para aprovechar su energía.
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<dc:date>1961-12-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>La idea del aprovechamiento de la enorme masa de energía que diariamente se disipa por el flujo y reflujo del mar junto a las costas oceánicas no es, ciertamente, nueva. En Francia, se han conocido desde hace siglos, en las numerosas rías y caletas de Normandía y Bretaña, los “moulins a marées” y algunos funcionan todavía. El Tratado de Arquitectura Hidráulica de B. Forest de Bélidor (1737), explica su teoría y sugiere dispositivos tendientes a asegurar la constancia de su funcionamiento. Desde entonces, innumerables, y a veces descabelladas, han sido las ideas que han surgido, en los países poseedores de costas marítimas con mareas de gran amplitud, para aprovechar su energía.</dc:description>
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<title>Concepción Arenal y el régimen social penitenciario</title>
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<name>Daien, Samuel</name>
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<updated>2022-02-04T04:14:47Z</updated>
<published>1961-12-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Revista de la Universidad; no. 15
Desde muy antiguo se propugnó la humanización de los castigos, pero en verdad es en la época del Renacimiento que esa voluntad llega a culminar. Prueba de ello lo tenemos en La Utopía de Tomás Moro (1516) y la Ciudad de Sol de Campanella (1623), ambas tendencias inspiradas en La República de Platón y en La Ciudad de Dios de San Agustín, y la obra de Francisco Bacon Nueva Atlántida (1627).&#13;
El deplorable estado de las cárceles, su tristeza, el hacinamiento, los malos tratos y la impiedad con que se ejecutaban las penas, hizo que se constituyera un fuerte movimiento renovador, mediante el cual hombres de Estado, filósofos, sociólogos, literatos, conmovieron a la opinión pública por la necesidad inmediata de una profunda reforma penitenciaria. A esa época de las luces pertenecieron John Fioward; César Beccaria Bo- nesana (^Marqués de Baccaria), Marat y Filangieri; enciclopedistas como D Alambert, IVlontesquieu, Rousseau y Voltaire, en Francia; Sonnenfelds en Alemania y, ya en el siglo XIX, el rey de Suecia, Oscar II.&#13;
Frente a estas inquietudes —señaladas como repaso histórico— nació, en el atardecer de un 30 de enero de 1820, en la hermosa ciudad de Ferrol, Concepción Arenal, un ángel de paz y de caridad, majestuoso emblema de grandeza y un soberbio tipo de la raza gallega, fornida, laboriosa, inteligente y activa.
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<dc:date>1961-12-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Desde muy antiguo se propugnó la humanización de los castigos, pero en verdad es en la época del Renacimiento que esa voluntad llega a culminar. Prueba de ello lo tenemos en La Utopía de Tomás Moro (1516) y la Ciudad de Sol de Campanella (1623), ambas tendencias inspiradas en La República de Platón y en La Ciudad de Dios de San Agustín, y la obra de Francisco Bacon Nueva Atlántida (1627).&#13;
El deplorable estado de las cárceles, su tristeza, el hacinamiento, los malos tratos y la impiedad con que se ejecutaban las penas, hizo que se constituyera un fuerte movimiento renovador, mediante el cual hombres de Estado, filósofos, sociólogos, literatos, conmovieron a la opinión pública por la necesidad inmediata de una profunda reforma penitenciaria. A esa época de las luces pertenecieron John Fioward; César Beccaria Bo- nesana (^Marqués de Baccaria), Marat y Filangieri; enciclopedistas como D Alambert, IVlontesquieu, Rousseau y Voltaire, en Francia; Sonnenfelds en Alemania y, ya en el siglo XIX, el rey de Suecia, Oscar II.&#13;
Frente a estas inquietudes —señaladas como repaso histórico— nació, en el atardecer de un 30 de enero de 1820, en la hermosa ciudad de Ferrol, Concepción Arenal, un ángel de paz y de caridad, majestuoso emblema de grandeza y un soberbio tipo de la raza gallega, fornida, laboriosa, inteligente y activa.</dc:description>
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<title>Evolución demográfica argentina: I. Bases del problema: 1778-1914</title>
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<name>Pereyra, Horacio José</name>
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<updated>2022-05-09T18:47:00Z</updated>
<published>1961-12-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Revista de la Universidad; no. 15
Nuestra intención es demostrar de qué manera la República Argentina sufre un problema de desintegración estructural que obedece a profundas causas históricas, que desde el instante de su fundación van pautando situaciones de desequilibrio entre nuestras regiones.
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<dc:date>1961-12-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Nuestra intención es demostrar de qué manera la República Argentina sufre un problema de desintegración estructural que obedece a profundas causas históricas, que desde el instante de su fundación van pautando situaciones de desequilibrio entre nuestras regiones.</dc:description>
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<title>Los principios fundamentales de la geología histórica</title>
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<name>Borrello, Ángel Vicente</name>
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<updated>2022-02-04T04:14:52Z</updated>
<published>1961-12-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Revista de la Universidad; no. 15
Como rama de las ciencias geológicas puras la Geología Histórica contiene en su objeto esencial la recapitulación de los acontecimientos físicos y biológicos que permiten establecer el ordenamiento evolutivo de la corteza terrestre, desde su remota consolidación definitiva hasta la actualidad. Para ello, básicamente, cuenta con sus métodos estratigráficos, y tras la consideración de los fenómenos que se reconocen en las llamadas eras y períodos geológicos, alcanza con su plan científico moderno a la descripción del desarrollo de cada uno de los ambientes morfoestructurales comprendidos en una región determinada, por lo cual esta geología regional suma al examen de las geografías del pasado el estudio de la geología del presente. A lo largo de su desenvolvimiento como materia científica la Geología Histórica ha logrado extraer conclusiones que desde antiguo son fundamentos ineludibles, tanto para su método objetivo como en el curso de su tratamiento filosófico. Otras conclusiones provienen del análisis de resultados más recientes y son producto del esfuerzo contemporáneo. Estos y los precedentes o clásicos, como debieran en realidad designarse, integran el cuadro de los denominados principios de la Geología Histórica por cuanto aparte de ser esenciales, representan razones o normas invariables al punto que no pocos de ellos cabrían sin hesitación en el rango de leyes naturales de la Geología.
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<dc:date>1961-12-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Como rama de las ciencias geológicas puras la Geología Histórica contiene en su objeto esencial la recapitulación de los acontecimientos físicos y biológicos que permiten establecer el ordenamiento evolutivo de la corteza terrestre, desde su remota consolidación definitiva hasta la actualidad. Para ello, básicamente, cuenta con sus métodos estratigráficos, y tras la consideración de los fenómenos que se reconocen en las llamadas eras y períodos geológicos, alcanza con su plan científico moderno a la descripción del desarrollo de cada uno de los ambientes morfoestructurales comprendidos en una región determinada, por lo cual esta geología regional suma al examen de las geografías del pasado el estudio de la geología del presente. A lo largo de su desenvolvimiento como materia científica la Geología Histórica ha logrado extraer conclusiones que desde antiguo son fundamentos ineludibles, tanto para su método objetivo como en el curso de su tratamiento filosófico. Otras conclusiones provienen del análisis de resultados más recientes y son producto del esfuerzo contemporáneo. Estos y los precedentes o clásicos, como debieran en realidad designarse, integran el cuadro de los denominados principios de la Geología Histórica por cuanto aparte de ser esenciales, representan razones o normas invariables al punto que no pocos de ellos cabrían sin hesitación en el rango de leyes naturales de la Geología.</dc:description>
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<title>El arte como experiencia vital</title>
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<name>Cartier, Héctor J.</name>
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<updated>2022-02-04T04:14:55Z</updated>
<published>1961-12-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Revista de la Universidad; no. 15
Toda referencia alusiva a la actividad artística en la dimensión que expresa un contenido vital excede, de hecho, cualquier forma canónica del discurrir pensando, lo que equivale a decir que los juicios que a esta experiencia se refieren, narran un acontecer, lo describen, pero no son la experiencia misma. Esta experiencia dice de la vida hecha presencia con la emoción de su evidencia, que habita y se revela en el plano inteligible, es decir, que no puede ser aprisionada con conceptos discursivos que expliquen el hecho. El arte, en cuanto vivencia, es una experiencia que sólo por la participación puede transferirse. No es, por otra parte, la actividad artística, una actividad que pudo tener su origen en circunstancias fortuitas o caprichosas. El arte en forma especial, entre otras formas de expresión, alude a aquello que a la naturaleza humana le es esencialmente constitutivo: su capacidad de hacer consciente a la conciencia de ser, de ser en sí y de reflejarse en el mundo de las cosas y de los seres.
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<dc:date>1961-12-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Toda referencia alusiva a la actividad artística en la dimensión que expresa un contenido vital excede, de hecho, cualquier forma canónica del discurrir pensando, lo que equivale a decir que los juicios que a esta experiencia se refieren, narran un acontecer, lo describen, pero no son la experiencia misma. Esta experiencia dice de la vida hecha presencia con la emoción de su evidencia, que habita y se revela en el plano inteligible, es decir, que no puede ser aprisionada con conceptos discursivos que expliquen el hecho. El arte, en cuanto vivencia, es una experiencia que sólo por la participación puede transferirse. No es, por otra parte, la actividad artística, una actividad que pudo tener su origen en circunstancias fortuitas o caprichosas. El arte en forma especial, entre otras formas de expresión, alude a aquello que a la naturaleza humana le es esencialmente constitutivo: su capacidad de hacer consciente a la conciencia de ser, de ser en sí y de reflejarse en el mundo de las cosas y de los seres.</dc:description>
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<title>Situación del teatro gauchesco en la historia del teatro argentino: II. El drama rural</title>
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<author>
<name>Sánchez Garrido, Amelia</name>
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<updated>2022-02-04T04:14:57Z</updated>
<published>1961-12-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Revista de la Universidad; no. 15
A diez años del éxito de "Juan Moreira", en 1896, Martiniano Leguizamón escribe "Calandria", obra que también tiene por protagonista a un gaucho alzado. Las razones, las mismas de siempre: el “mal trato”.&#13;
La crítica, que se había desentendido de los sangrientos dramas gauchescos, se vuelca, íntegra, a favor de la obra de Leguizamón, destacando, principalmente, el hecho de haber roto con la tradición de los dramas criollos, y ‘presentar al público los tipos característicos de nuestra campaña sin recurrir al facón ni espeluznar al espectador con la presencia de asesinos repulsivos y la exhibición de moribundos y cadáveres, copiado "dal vero”. Así, pues, en lugar de la legendaria protesta contra la autoridad, Calandria resuelve el aspecto social proponiendo la civilización del gaucho. Además de esta manifiesta intención, y antes quizás que ella, está la intención folklórica.
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<dc:date>1961-12-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>A diez años del éxito de "Juan Moreira", en 1896, Martiniano Leguizamón escribe "Calandria", obra que también tiene por protagonista a un gaucho alzado. Las razones, las mismas de siempre: el “mal trato”.&#13;
La crítica, que se había desentendido de los sangrientos dramas gauchescos, se vuelca, íntegra, a favor de la obra de Leguizamón, destacando, principalmente, el hecho de haber roto con la tradición de los dramas criollos, y ‘presentar al público los tipos característicos de nuestra campaña sin recurrir al facón ni espeluznar al espectador con la presencia de asesinos repulsivos y la exhibición de moribundos y cadáveres, copiado "dal vero”. Así, pues, en lugar de la legendaria protesta contra la autoridad, Calandria resuelve el aspecto social proponiendo la civilización del gaucho. Además de esta manifiesta intención, y antes quizás que ella, está la intención folklórica.</dc:description>
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<title>El carácter conflictual de los valores</title>
<link href="http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/130386" rel="alternate"/>
<author>
<name>Maliandi, Ricardo Guillermo</name>
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<updated>2022-03-30T18:44:43Z</updated>
<published>1961-12-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Revista de la Universidad; no. 15
En el mundo de la cultura —al que podríamos calificar como esencialmente axiotrópico— no puede hablarse de una “armonía preestablecida”. La cultura nace de un radical conflicto —el conflicto del hombre con la naturaleza— y este origen le imprime un carácter esencialmente conflictual, en el que ya no es posible descubrir una regularidad semejante a la del universo biológico o físico, salvo asumiendo puntos de vista muy especiales . Se ha dicho a menudo que el hombre, mediante la cultura, hace crecer el mundo de la realidad, introduciendo en él objetos no naturales. ¿Cuál es la causa de este proceso? ¿Por qué necesita el hombre acrecentar el mundo? Evidentemente, porque el mundo natural, dado, le resulta insuficiente. Las creaciones culturales representan intentos de superar los límites propios del mundo natural. Toda actividad cultural apunta a una trascendencia, es decir: a aquello que no nos está dado, pero que concebimos y buscamos. Y esa búsqueda se traduce en creaciones. El primer conflicto de la cultura es, pues, el que ella tiene con la naturaleza; es la oposición entre los obstáculos a las tendencias humanas y la concepción (o quizá intuición) de una trascendencia.
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<dc:date>1961-12-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>En el mundo de la cultura —al que podríamos calificar como esencialmente axiotrópico— no puede hablarse de una “armonía preestablecida”. La cultura nace de un radical conflicto —el conflicto del hombre con la naturaleza— y este origen le imprime un carácter esencialmente conflictual, en el que ya no es posible descubrir una regularidad semejante a la del universo biológico o físico, salvo asumiendo puntos de vista muy especiales . Se ha dicho a menudo que el hombre, mediante la cultura, hace crecer el mundo de la realidad, introduciendo en él objetos no naturales. ¿Cuál es la causa de este proceso? ¿Por qué necesita el hombre acrecentar el mundo? Evidentemente, porque el mundo natural, dado, le resulta insuficiente. Las creaciones culturales representan intentos de superar los límites propios del mundo natural. Toda actividad cultural apunta a una trascendencia, es decir: a aquello que no nos está dado, pero que concebimos y buscamos. Y esa búsqueda se traduce en creaciones. El primer conflicto de la cultura es, pues, el que ella tiene con la naturaleza; es la oposición entre los obstáculos a las tendencias humanas y la concepción (o quizá intuición) de una trascendencia.</dc:description>
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<title>El Archivo de la Palabra de Radio Universidad</title>
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<name>Sager, Julio</name>
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<updated>2022-02-04T04:15:03Z</updated>
<published>1961-12-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Contribucion a revista
Revista de la Universidad; no. 15
Hacer que la palabra no muera en los libros, que llegue a nosotros como mensaje vivo de arte, tal el propósito del Archivo de la Palabra que la radio de nuestra Universidad organiza en la lenta medida de sus posibilidades. Valida de las facilidades que las nuevas técnicas ponen a su alcance —disco fonográfico o cinta magnetofónica— procura recoger la voz viva y actual de quienes tienen algo que decir. Como mensaje o como testimonio de su tiempo. Aquello que es permanente. Lo que ha de perdurar. Lo verdaderamente trascendente. No la anécdota circunstancial. Ni siquiera un puro prurito de coleccionista.
</summary>
<dc:date>1961-12-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Hacer que la palabra no muera en los libros, que llegue a nosotros como mensaje vivo de arte, tal el propósito del Archivo de la Palabra que la radio de nuestra Universidad organiza en la lenta medida de sus posibilidades. Valida de las facilidades que las nuevas técnicas ponen a su alcance —disco fonográfico o cinta magnetofónica— procura recoger la voz viva y actual de quienes tienen algo que decir. Como mensaje o como testimonio de su tiempo. Aquello que es permanente. Lo que ha de perdurar. Lo verdaderamente trascendente. No la anécdota circunstancial. Ni siquiera un puro prurito de coleccionista.</dc:description>
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<title>Revista de la Universidad | Número 15</title>
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<author>
<name>Universidad Nacional de La Plata</name>
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<updated>2022-02-07T18:19:26Z</updated>
<published>1961-12-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Edicion de revista
Revista de la Universidad; no. 15
El Archivo de la Palabra de Radio Universidad &lt;b&gt;Julio Sager&lt;/b&gt;&#13;
El carácter conflictual de los valores &lt;b&gt;Ricardo G. Maliandi&lt;/b&gt; &#13;
 Situación del teatro gauchesco en la historia del teatro argentino. II El drama rural  &lt;b&gt;Amelia Sánchez Garrido&lt;/b&gt;&#13;
El arte como experiencia vital &lt;b&gt;Héctor J. Cartier&lt;/b&gt; &#13;
Los fundamentos de la geología histórica &lt;b&gt;Angel V. Borrello&lt;/b&gt; &#13;
Evolución demográfica argentina. I Bases del problema: 1778-1914 &lt;b&gt;Horacio J. Pereyra &lt;/b&gt;&#13;
Concepción Arenal y él régimen social penitenciario &lt;b&gt;Samuel Daien&lt;/b&gt; &#13;
Aprovechamiento de la energía de las mareas &lt;b&gt;Camilo B. Rodríguez&lt;/b&gt; &#13;
Panorama actual y futuro de la pesca marítima en la Argentina &lt;b&gt;Víctor Angelescu&lt;/b&gt; &#13;
¿Dónde está hoy la fenomenología? &lt;b&gt;Alwin Diemer&lt;/b&gt; &#13;
&lt;i&gt;Testimonios&lt;/i&gt;&#13;
Un episodio de la vida médica del Dr. Repetto &lt;b&gt;Giordano B. Cavazzutti&lt;/b&gt; &#13;
En la ruta de Don Quijote &lt;b&gt;Horacio Castillo&lt;/b&gt; &#13;
La serpiente emplumada &lt;b&gt;Hernán San Martín&lt;/b&gt; &#13;
El coro de estudiantes de Ingeniería Noel H. Sbarra La ciudad perdida &lt;b&gt;Emilio Azzarini&lt;/b&gt;&#13;
Carta desde los Estados Unidos &lt;b&gt;Julio Martín&lt;/b&gt; &#13;
&lt;i&gt;Comentario&lt;/i&gt;&#13;
Versión europea de Vallejo &lt;b&gt;Saúl Yurkievich&lt;/b&gt; &#13;
&lt;i&gt;Revista de libros&lt;/i&gt;&#13;
Reseñas por : Noel H. Sbarra, Nicolás Marinkev, Oreste Giacobbe, Raúl H. Castagnino, Sara Alí lafella, Martha G. Lapalma, Mario A. Presas, Marcos T. Salemne, Hebe Judith Blasi y Carla B. de Marchionni&#13;
&lt;i&gt;Ilustraciones&lt;/i&gt;&#13;
Hugo M. De Marziani y Leónidas Gambartes
Material digitalizado en SEDICI gracias a la colaboración del Ateneo Popular "Alejandro Korn".
</summary>
<dc:date>1961-12-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>El Archivo de la Palabra de Radio Universidad &lt;b&gt;Julio Sager&lt;/b&gt;&#13;
El carácter conflictual de los valores &lt;b&gt;Ricardo G. Maliandi&lt;/b&gt; &#13;
 Situación del teatro gauchesco en la historia del teatro argentino. II El drama rural  &lt;b&gt;Amelia Sánchez Garrido&lt;/b&gt;&#13;
El arte como experiencia vital &lt;b&gt;Héctor J. Cartier&lt;/b&gt; &#13;
Los fundamentos de la geología histórica &lt;b&gt;Angel V. Borrello&lt;/b&gt; &#13;
Evolución demográfica argentina. I Bases del problema: 1778-1914 &lt;b&gt;Horacio J. Pereyra &lt;/b&gt;&#13;
Concepción Arenal y él régimen social penitenciario &lt;b&gt;Samuel Daien&lt;/b&gt; &#13;
Aprovechamiento de la energía de las mareas &lt;b&gt;Camilo B. Rodríguez&lt;/b&gt; &#13;
Panorama actual y futuro de la pesca marítima en la Argentina &lt;b&gt;Víctor Angelescu&lt;/b&gt; &#13;
¿Dónde está hoy la fenomenología? &lt;b&gt;Alwin Diemer&lt;/b&gt; &#13;
&lt;i&gt;Testimonios&lt;/i&gt;&#13;
Un episodio de la vida médica del Dr. Repetto &lt;b&gt;Giordano B. Cavazzutti&lt;/b&gt; &#13;
En la ruta de Don Quijote &lt;b&gt;Horacio Castillo&lt;/b&gt; &#13;
La serpiente emplumada &lt;b&gt;Hernán San Martín&lt;/b&gt; &#13;
El coro de estudiantes de Ingeniería Noel H. Sbarra La ciudad perdida &lt;b&gt;Emilio Azzarini&lt;/b&gt;&#13;
Carta desde los Estados Unidos &lt;b&gt;Julio Martín&lt;/b&gt; &#13;
&lt;i&gt;Comentario&lt;/i&gt;&#13;
Versión europea de Vallejo &lt;b&gt;Saúl Yurkievich&lt;/b&gt; &#13;
&lt;i&gt;Revista de libros&lt;/i&gt;&#13;
Reseñas por : Noel H. Sbarra, Nicolás Marinkev, Oreste Giacobbe, Raúl H. Castagnino, Sara Alí lafella, Martha G. Lapalma, Mario A. Presas, Marcos T. Salemne, Hebe Judith Blasi y Carla B. de Marchionni&#13;
&lt;i&gt;Ilustraciones&lt;/i&gt;&#13;
Hugo M. De Marziani y Leónidas Gambartes</dc:description>
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