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<title>Número 04</title>
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<updated>2026-09-06T03:35:02Z</updated>
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<title>Museo | Número 4</title>
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<name>Fundación Museo La Plata</name>
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<updated>2019-07-24T04:05:39Z</updated>
<published>1994-11-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Edicion de revista
Museo; no. 4
- Editorial&#13;
- Nota de Tapa&#13;
- Prohombres del Museo: Samuel A. Lafone Quevedo&#13;
- Anecdotario del Perito Moreno&#13;
- La sistemática y la crisis de la biodiversidad | &lt;b&gt;Jorge V. Cristi y Juan J. Morrone&lt;/b&gt;&#13;
- Un bosquejo de la prehistoria sudamericana | &lt;b&gt;Augusto Cardich&lt;/b&gt;&#13;
- ¿Se pueden completar las torres de la Catedral de La Plata? Un análisis geotécnico | &lt;b&gt;Ing. Silvano J. Trevisán&lt;/b&gt;&#13;
- Noticias de la Fundación&#13;
- ¿Es el material histórico de la Biblia composición literaria o reflejo de la realidad? | &lt;b&gt;Mauricio Bubis&lt;/b&gt;&#13;
- Los que colectan, los que exhiben, los que miran. Comentarios sobre colecciones etnográficas | &lt;b&gt;María Marta Reca&lt;/b&gt;&#13;
- Los arquitectos del Museo. Carl Ludwig Wilhem Heynemann. 3ª parte | &lt;b&gt;Julio A. Morosi, Amoldo O. Delgado y Enrique R. Gamallo&lt;/b&gt;&#13;
- La Plata cumple 112 años&#13;
- El Salón Universitario Anual | &lt;b&gt;Elsa E. Mendoza Godoy de Cingolani&lt;/b&gt;&#13;
- Actividades culturales &#13;
- Saúl Yurkievich nos habló de Julio Cortázar &#13;
Imposición oficial de nombres al Auditorio y Foyer del Museo&#13;
- Nunak, los últimos nómades de la Amazonia | &lt;b&gt;Gustavo G. Politis&lt;/b&gt;&#13;
- Los derrames de petróleo, su impacto ambiental | &lt;b&gt;Yerko Zlatar&lt;/b&gt;&#13;
- Anónimos colaboradores del Museo
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<dc:date>1994-11-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>- Editorial&#13;
- Nota de Tapa&#13;
- Prohombres del Museo: Samuel A. Lafone Quevedo&#13;
- Anecdotario del Perito Moreno&#13;
- La sistemática y la crisis de la biodiversidad | &lt;b&gt;Jorge V. Cristi y Juan J. Morrone&lt;/b&gt;&#13;
- Un bosquejo de la prehistoria sudamericana | &lt;b&gt;Augusto Cardich&lt;/b&gt;&#13;
- ¿Se pueden completar las torres de la Catedral de La Plata? Un análisis geotécnico | &lt;b&gt;Ing. Silvano J. Trevisán&lt;/b&gt;&#13;
- Noticias de la Fundación&#13;
- ¿Es el material histórico de la Biblia composición literaria o reflejo de la realidad? | &lt;b&gt;Mauricio Bubis&lt;/b&gt;&#13;
- Los que colectan, los que exhiben, los que miran. Comentarios sobre colecciones etnográficas | &lt;b&gt;María Marta Reca&lt;/b&gt;&#13;
- Los arquitectos del Museo. Carl Ludwig Wilhem Heynemann. 3ª parte | &lt;b&gt;Julio A. Morosi, Amoldo O. Delgado y Enrique R. Gamallo&lt;/b&gt;&#13;
- La Plata cumple 112 años&#13;
- El Salón Universitario Anual | &lt;b&gt;Elsa E. Mendoza Godoy de Cingolani&lt;/b&gt;&#13;
- Actividades culturales &#13;
- Saúl Yurkievich nos habló de Julio Cortázar &#13;
Imposición oficial de nombres al Auditorio y Foyer del Museo&#13;
- Nunak, los últimos nómades de la Amazonia | &lt;b&gt;Gustavo G. Politis&lt;/b&gt;&#13;
- Los derrames de petróleo, su impacto ambiental | &lt;b&gt;Yerko Zlatar&lt;/b&gt;&#13;
- Anónimos colaboradores del Museo</dc:description>
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<title>Anónimos colaboradores del Museo: Domingo García</title>
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<name>Fernández, Ana María</name>
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<updated>2019-07-24T04:06:32Z</updated>
<published>1994-11-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Contribucion a revista
Museo; no. 4
"Entré como a mi segunda casa”. Esa fue la primera respuesta de Domingo García a nuestra pregunta sobre cómo había ingresado al Museo. Y algunos que tuvimos la suerte de aprender a su lado, desde estudiantes, también lo sentíamos así: el Museo era la segunda casa de Mingo. Nació en la calle 4 entre 42 y 43 y vivió toda su juventud en ese barrio. A los diez años ya trabajaba con su padre, de oficio hojalatero (recuerda que retiraba de la cocina del Jockey Club las ollas que se picaban para cambiarles el fondo). Por esa época, en su casa, tenían como inquilino a José Marelli, quien le enseñó a tocar el bandoneón. En palabras de Mingo: “...sin darme cuenta, fui aprendiendo una pieza... y otra... y ya sabía como cuarenta cuando entré al Museo”. En 1930, con catorce años, pantalón corto y aún alumno del colegio, logró entrar como aprendiz. El Dr. Luis María Torres lo encomendó a Benito Fernández, Jefe de Preparadores del Departamento de Arqueología y Etnografía y desde ese momento trabajó allí durante cincuenta años. En 1938 fue nombrado en el cargo que Fernández abandonó para jubilarse y permaneció en el mismo hasta 1980.
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<dc:date>1994-11-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>"Entré como a mi segunda casa”. Esa fue la primera respuesta de Domingo García a nuestra pregunta sobre cómo había ingresado al Museo. Y algunos que tuvimos la suerte de aprender a su lado, desde estudiantes, también lo sentíamos así: el Museo era la segunda casa de Mingo. Nació en la calle 4 entre 42 y 43 y vivió toda su juventud en ese barrio. A los diez años ya trabajaba con su padre, de oficio hojalatero (recuerda que retiraba de la cocina del Jockey Club las ollas que se picaban para cambiarles el fondo). Por esa época, en su casa, tenían como inquilino a José Marelli, quien le enseñó a tocar el bandoneón. En palabras de Mingo: “...sin darme cuenta, fui aprendiendo una pieza... y otra... y ya sabía como cuarenta cuando entré al Museo”. En 1930, con catorce años, pantalón corto y aún alumno del colegio, logró entrar como aprendiz. El Dr. Luis María Torres lo encomendó a Benito Fernández, Jefe de Preparadores del Departamento de Arqueología y Etnografía y desde ese momento trabajó allí durante cincuenta años. En 1938 fue nombrado en el cargo que Fernández abandonó para jubilarse y permaneció en el mismo hasta 1980.</dc:description>
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<title>Anónimos colaboradores del Museo: Elba Noemí Russo</title>
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<name>Reca, María Marta</name>
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<updated>2019-07-24T04:06:49Z</updated>
<published>1994-11-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Contribucion a revista
Museo; no. 4
El tranvía tomado en la esquina de mi casa, me dejaba en las puertas del bosque. A veces, por las fuertes lluvias éste parecía un gran lago; había que prepararse para cruzarlo y no era fácil. En primavera era una delicia caminar con su perfume. Hace más de cuarenta años y me parece volver a sentir la alegría de mis comienzos: siempre me pareció un sueño pertenecer al Museo. A él le he dado lo mejor de mi vida en cuatro décadas.
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<dc:date>1994-11-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>El tranvía tomado en la esquina de mi casa, me dejaba en las puertas del bosque. A veces, por las fuertes lluvias éste parecía un gran lago; había que prepararse para cruzarlo y no era fácil. En primavera era una delicia caminar con su perfume. Hace más de cuarenta años y me parece volver a sentir la alegría de mis comienzos: siempre me pareció un sueño pertenecer al Museo. A él le he dado lo mejor de mi vida en cuatro décadas.</dc:description>
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<title>Los derrames de petróleo: Su impacto ambiental</title>
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<name>Zlatar, Yerko</name>
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<updated>2019-07-24T04:06:02Z</updated>
<published>1994-11-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Museo; no. 4
Los yacimientos de hidrocarburos se localizan, en su mayoría, en lugares alejados de los centros de consumo o de las industrias de procesamiento (destilerías), por tanto el petróleo y sus derivados se transportan mediante embarcaciones de gran tonelaje. Casi el 50% de la flota mundial, que navega a través de las vías marítimas y fluviales, está compuesta por barcos cisternas (tanqueros) que trasladan miles de millones de metros cúbicos de hidrocarburos. Durante las operaciones de carga y descarga en los puertos de embarque suceden frecuentemente accidentes con grandes derrames de petróleo. A ésto se suman otros que alcanzan normalmente mayor impacto ambiental y que se producen en mar abierto, debidos a colisión, explosión, fisura de los cascos, hundimiento por encallado y otros accidentes muchos de ellos originados por errores humanos.
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<dc:date>1994-11-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Los yacimientos de hidrocarburos se localizan, en su mayoría, en lugares alejados de los centros de consumo o de las industrias de procesamiento (destilerías), por tanto el petróleo y sus derivados se transportan mediante embarcaciones de gran tonelaje. Casi el 50% de la flota mundial, que navega a través de las vías marítimas y fluviales, está compuesta por barcos cisternas (tanqueros) que trasladan miles de millones de metros cúbicos de hidrocarburos. Durante las operaciones de carga y descarga en los puertos de embarque suceden frecuentemente accidentes con grandes derrames de petróleo. A ésto se suman otros que alcanzan normalmente mayor impacto ambiental y que se producen en mar abierto, debidos a colisión, explosión, fisura de los cascos, hundimiento por encallado y otros accidentes muchos de ellos originados por errores humanos.</dc:description>
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<title>Los nukak: Los últimos nómades de la Amazonia</title>
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<name>Politis, Gustavo Gabriel</name>
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<updated>2019-07-24T04:06:27Z</updated>
<published>1994-01-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Museo; no. 4
Enclavados en el Noroeste de la selva Amazónica, al sur del río Guaviare, los indígenas Nukak aún mantienen un estilo de vida basado en la caza, la pesca y la recolección, tal como lo hacían cientos de grupos aborígenes americanos antes de la Conquista. A pesar de que habitaron durante mucho tiempo las zonas interribereñas del Noroeste Amazónico, los Nukak sólo adquirieron visibilidad en 1988 cuando un grupo de 41 indígenas, con hambre y enfermos, salieron de la selva y llegaron a la sabana de las inmediaciones de Calamar, en el Departamento del Guaviare, Colombia. Desde entonces han aparecido algunas veces más en las cercanías de otros poblados como de San José del Guaviare, Tomachipán o en Barranco Colorado. Con frecuencia algunas bandas Nukak llegan hasta los bordes de la selva y se contactan con los colonos, quienes les dan comida y ropa. Este enigmático grupo indígena ha llamado recientemente la atención de los antropólogos debido a que ha mantenido su forma de vida tradicional. Casi, o quizás todas, las comunidades aborígenes del mundo tienen relaciones constantes con la sociedad moderna, lo que ha producido una intensa modificación en sus patrones culturales originales. Estas relaciones son asimétricas y desparejas; siempre pierden los mismos: los indígenas.
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<dc:date>1994-01-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Enclavados en el Noroeste de la selva Amazónica, al sur del río Guaviare, los indígenas Nukak aún mantienen un estilo de vida basado en la caza, la pesca y la recolección, tal como lo hacían cientos de grupos aborígenes americanos antes de la Conquista. A pesar de que habitaron durante mucho tiempo las zonas interribereñas del Noroeste Amazónico, los Nukak sólo adquirieron visibilidad en 1988 cuando un grupo de 41 indígenas, con hambre y enfermos, salieron de la selva y llegaron a la sabana de las inmediaciones de Calamar, en el Departamento del Guaviare, Colombia. Desde entonces han aparecido algunas veces más en las cercanías de otros poblados como de San José del Guaviare, Tomachipán o en Barranco Colorado. Con frecuencia algunas bandas Nukak llegan hasta los bordes de la selva y se contactan con los colonos, quienes les dan comida y ropa. Este enigmático grupo indígena ha llamado recientemente la atención de los antropólogos debido a que ha mantenido su forma de vida tradicional. Casi, o quizás todas, las comunidades aborígenes del mundo tienen relaciones constantes con la sociedad moderna, lo que ha producido una intensa modificación en sus patrones culturales originales. Estas relaciones son asimétricas y desparejas; siempre pierden los mismos: los indígenas.</dc:description>
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<title>Auditorio: "Francisco Pascasio Moreno". Foyer: "Víctor de Pol": Imposición oficial de nombres en el Museo</title>
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<name>Fundación Museo La Plata</name>
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<updated>2019-07-24T04:05:34Z</updated>
<published>1994-11-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Museo; no. 4
El día 23 de septiembre tuvo lugar en nuestro Museo una emotiva reunión en el transcurso de la cual se impusieron oficialmente, a su Salón Auditorio y al Foyer contiguo, los nombres de “Francisco Pascasio Moreno” y “Víctor de Pol” respectivamente. En tal oportunidad, para destacar el fundamento y significado de la resolución adoptada, hicieron uso de la palabra el Dr. Edgardo O. Rolleri, por el Museo y la Facultad de Ciencias Naturales, y la Profesora Graciela Suárez Marzal por la Fundación. A continuación ofrecemos una síntesis que encierra los conceptos esenciales expuestos.
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<dc:date>1994-11-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>El día 23 de septiembre tuvo lugar en nuestro Museo una emotiva reunión en el transcurso de la cual se impusieron oficialmente, a su Salón Auditorio y al Foyer contiguo, los nombres de “Francisco Pascasio Moreno” y “Víctor de Pol” respectivamente. En tal oportunidad, para destacar el fundamento y significado de la resolución adoptada, hicieron uso de la palabra el Dr. Edgardo O. Rolleri, por el Museo y la Facultad de Ciencias Naturales, y la Profesora Graciela Suárez Marzal por la Fundación. A continuación ofrecemos una síntesis que encierra los conceptos esenciales expuestos.</dc:description>
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<title>Saúl Yurkievich en el Museo, nos habló de Julio Cortázar</title>
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<name>Yurkievich, Saúl</name>
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<updated>2019-07-24T04:07:02Z</updated>
<published>1994-11-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Museo; no. 4
A Julio le hubiera gustado subir esta escalinata, ingresar por este pórtico con los centinelas que son los esmilodontes, en un edificio circular, y entonces dar vueltas y vueltas e ir regresando, por lo menos, al hombre de Neanderthal. Quizás él hubiese preferido regresar más allá; regresar al perro o al pez o regresar “ab ovo”. Toda la literatura de Cortázar es un poliedro de incontables caras, esa literatura es como una invasora colonia de pólipos por todos lados, pero, a la vez, como un cristal tallado. Es una literatura múltiple, multívoca, pluriforme; todos los pluris no alcanzan por el hecho de que las facetas son incontables y las dimensiones también. Y entonces me hallo aquí, en este edificio circular, y quiero referirme a la fantasía de Julio Cortázar. Intentaré hacer una especie de visión de conjunto, buscando pautas.
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<dc:date>1994-11-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>A Julio le hubiera gustado subir esta escalinata, ingresar por este pórtico con los centinelas que son los esmilodontes, en un edificio circular, y entonces dar vueltas y vueltas e ir regresando, por lo menos, al hombre de Neanderthal. Quizás él hubiese preferido regresar más allá; regresar al perro o al pez o regresar “ab ovo”. Toda la literatura de Cortázar es un poliedro de incontables caras, esa literatura es como una invasora colonia de pólipos por todos lados, pero, a la vez, como un cristal tallado. Es una literatura múltiple, multívoca, pluriforme; todos los pluris no alcanzan por el hecho de que las facetas son incontables y las dimensiones también. Y entonces me hallo aquí, en este edificio circular, y quiero referirme a la fantasía de Julio Cortázar. Intentaré hacer una especie de visión de conjunto, buscando pautas.</dc:description>
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<title>El Salón Universitario Anual</title>
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<name>Mendoza Godoy de Cingolani, Elsa E.</name>
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<updated>2019-07-24T04:05:29Z</updated>
<published>1994-11-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Museo; no. 4
A mediados del año 1925 la ciudad de La Plata se aprestaba a celebrar un nuevo aniversario de su fundación. Instituciones privadas y organismos públicos se abocaron a la organización de diversos actos. La Universidad no estuvo ausente en los preparativos. Su entonces presidente, el Doctor Benito Názar Anchorena, presentó al Consejo Superior un proyecto en el que proponía la inauguración de una exposición de obras de los más reconocidos pintores y escultores nacionales. El evento podría luego instituirse en forma permanente con el nombre de Salón Universitario Anual. La propuesta contó con el apoyo unánime de los miembros del Consejo y fue aprobada por Ordenanza 1807. En el mismo documento se aprobó también una segunda parte del proyecto, en la que se consideraba que, una vez finalizada la exposición local, las obras formaran parte de una muestra itinerante que recorrería las principales capitales de Europa.
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<dc:date>1994-11-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>A mediados del año 1925 la ciudad de La Plata se aprestaba a celebrar un nuevo aniversario de su fundación. Instituciones privadas y organismos públicos se abocaron a la organización de diversos actos. La Universidad no estuvo ausente en los preparativos. Su entonces presidente, el Doctor Benito Názar Anchorena, presentó al Consejo Superior un proyecto en el que proponía la inauguración de una exposición de obras de los más reconocidos pintores y escultores nacionales. El evento podría luego instituirse en forma permanente con el nombre de Salón Universitario Anual. La propuesta contó con el apoyo unánime de los miembros del Consejo y fue aprobada por Ordenanza 1807. En el mismo documento se aprobó también una segunda parte del proyecto, en la que se consideraba que, una vez finalizada la exposición local, las obras formaran parte de una muestra itinerante que recorrería las principales capitales de Europa.</dc:description>
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<title>La Plata cumple 112 años: La ciudad y sus nominaciones</title>
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<author>
<name>Barcia, Pedro Luis</name>
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<updated>2019-07-24T04:05:56Z</updated>
<published>1994-11-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Museo; no. 4
Una inquietud que hace a nuestra condición de seres humanos reflexivos es la que procura satisfacer una de las necesidades básicas: la de tener raíces, un sentido de pertenencia, saber de dónde venimos, dónde estamos. La Historia es la ciencia que se ocupa de responder estos interrogantes; el relato de lo que aconteció en el pasado, de lo que hicieron innumerables hombres y mujeres, tiene el propósito de dar cuenta de cómo y por qué hemos llegado a ser lo que somos hoy. La Plata, ciudad muy joven, tiene también su historia. Nos pareció oportuno y muy ilustrativo ofrecer algunos aspectos de la misma, y por ello recurrimos al interesante libro escrito por el prestigioso profesor platense, Dr. Pedro Luis Barcia, editado con motivo del centenario de nuestra ciudad y titulado &lt;i&gt;La Plata vista por los viajeros. 1882-1912&lt;/i&gt;. En este libro se ofrece el testimonio de 33 personas de diversos sectores de la sociedad y distintos orígenes y nacionalidades -francesa, italiana, española, inglesa, portuguesa y, desde luego, argentina- y que dieron a publicidad las impresiones recogidas durante las visitas efectuadas entre los años 1882-1912.
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<dc:date>1994-11-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Una inquietud que hace a nuestra condición de seres humanos reflexivos es la que procura satisfacer una de las necesidades básicas: la de tener raíces, un sentido de pertenencia, saber de dónde venimos, dónde estamos. La Historia es la ciencia que se ocupa de responder estos interrogantes; el relato de lo que aconteció en el pasado, de lo que hicieron innumerables hombres y mujeres, tiene el propósito de dar cuenta de cómo y por qué hemos llegado a ser lo que somos hoy. La Plata, ciudad muy joven, tiene también su historia. Nos pareció oportuno y muy ilustrativo ofrecer algunos aspectos de la misma, y por ello recurrimos al interesante libro escrito por el prestigioso profesor platense, Dr. Pedro Luis Barcia, editado con motivo del centenario de nuestra ciudad y titulado &lt;i&gt;La Plata vista por los viajeros. 1882-1912&lt;/i&gt;. En este libro se ofrece el testimonio de 33 personas de diversos sectores de la sociedad y distintos orígenes y nacionalidades -francesa, italiana, española, inglesa, portuguesa y, desde luego, argentina- y que dieron a publicidad las impresiones recogidas durante las visitas efectuadas entre los años 1882-1912.</dc:description>
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<title>El origen del edificio del Museo de La Plata: Tercera parte: Los arquitectos del Museo: Carl Ludwig Wilhem Heynemann</title>
<link href="http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/47211" rel="alternate"/>
<author>
<name>Morosi, Julio Ángel</name>
</author>
<author>
<name>Delgado, Arnoldo Oscar</name>
</author>
<author>
<name>Gamallo, Enrique R.</name>
</author>
<id>http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/47211</id>
<updated>2022-04-08T17:03:46Z</updated>
<published>1994-11-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Museo; no. 4; http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/47109; http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/47173
Heynemann había nacido el 5 de abril del 1858 en Frankfurt del Mein, Alemania. Sus padres fueron David Friedrich Heynemann (1829-1904) y Ana Emilie Elisabeth Bauer (1835-1910), quienes habían contraído enlace en Frankfurt el 2 de marzo de 1857. David F. Heynemann era un personaje múltiple en Frankfurt. Próspero comerciante, eminente malacólogo y pintor, tuvo participación destacada como donante y zoólogo en el famoso museo de Ciencias Naturales de la Fundación Senckenberg en dicha ciudad desde la década de 1870. Su hijo Carl realizó sus estudios en la Escuela Politécnica de Stuttgart, concluyéndolos en julio de 1878. Poco después emigró a la Argentina, según tradición familiar como consecuencia de un duelo, radicándose en Buenos Aires.
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<dc:date>1994-11-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Heynemann había nacido el 5 de abril del 1858 en Frankfurt del Mein, Alemania. Sus padres fueron David Friedrich Heynemann (1829-1904) y Ana Emilie Elisabeth Bauer (1835-1910), quienes habían contraído enlace en Frankfurt el 2 de marzo de 1857. David F. Heynemann era un personaje múltiple en Frankfurt. Próspero comerciante, eminente malacólogo y pintor, tuvo participación destacada como donante y zoólogo en el famoso museo de Ciencias Naturales de la Fundación Senckenberg en dicha ciudad desde la década de 1870. Su hijo Carl realizó sus estudios en la Escuela Politécnica de Stuttgart, concluyéndolos en julio de 1878. Poco después emigró a la Argentina, según tradición familiar como consecuencia de un duelo, radicándose en Buenos Aires.</dc:description>
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<title>Los que colectan, los que exhiben, los que miran: Comentarios sobre colecciones etnográficas</title>
<link href="http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/47209" rel="alternate"/>
<author>
<name>Reca, María Marta</name>
</author>
<id>http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/47209</id>
<updated>2019-07-24T04:05:51Z</updated>
<published>1994-11-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Museo; no. 4
"La etnografía nos pone en contacto con lo ajeno partiendo de lo propio. Esta aproximación a lo extraño, al mundo de los otros implica siempre una referencia, por contraste o similitud, a la realidad que conocemos: a nuestro mundo. Ello hace que las descripciones etnográficas y los modelos que dan lugar, sean, también, proyecciones alegóricas de la propia cultura (...)."&#13;
&#13;
&lt;i&gt;(Luis Díaz Viana)&lt;/i&gt;
</summary>
<dc:date>1994-11-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>"La etnografía nos pone en contacto con lo ajeno partiendo de lo propio. Esta aproximación a lo extraño, al mundo de los otros implica siempre una referencia, por contraste o similitud, a la realidad que conocemos: a nuestro mundo. Ello hace que las descripciones etnográficas y los modelos que dan lugar, sean, también, proyecciones alegóricas de la propia cultura (...)."&#13;
&#13;
&lt;i&gt;(Luis Díaz Viana)&lt;/i&gt;</dc:description>
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<title>¿Es el material histórico de la Biblia composición literaria o reflejo de la realidad?</title>
<link href="http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/47207" rel="alternate"/>
<author>
<name>Bubis, Mauricio</name>
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<id>http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/47207</id>
<updated>2019-07-24T04:05:46Z</updated>
<published>1994-11-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Museo; no. 4
No escapan a nuestro criterio las dificultades que implica el tema a desarrollar. Por una parte deberemos incursionar con la libertad que requiere toda investigación moderna en un campo que hasta hace relativamente poco estaba cerrado a toda discusión posible por razones teológicas. Toda discrepancia con los textos canónicos era violentamente resistida y sus sostenedores considerados herejes (tales fueron entre otros los casos de Baruch Spinoza entre los judíos o de Galileo Galilei entre los cristianos). Cabe señalar que aún hoy día la posición en esa materia de sectores importantes sigue inalterada.
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<dc:date>1994-11-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>No escapan a nuestro criterio las dificultades que implica el tema a desarrollar. Por una parte deberemos incursionar con la libertad que requiere toda investigación moderna en un campo que hasta hace relativamente poco estaba cerrado a toda discusión posible por razones teológicas. Toda discrepancia con los textos canónicos era violentamente resistida y sus sostenedores considerados herejes (tales fueron entre otros los casos de Baruch Spinoza entre los judíos o de Galileo Galilei entre los cristianos). Cabe señalar que aún hoy día la posición en esa materia de sectores importantes sigue inalterada.</dc:description>
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<title>¿Se pueden completar las torres de la catedral de La Plata?: Un análisis geotécnico</title>
<link href="http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/47205" rel="alternate"/>
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<name>Trevisan, Silvano Jorge</name>
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<id>http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/47205</id>
<updated>2019-07-24T04:06:38Z</updated>
<published>1994-11-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Museo; no. 4; http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/49426
Recuerdo que transitaba como alumno los pasillos de la Facultad de Ingeniería de La Plata cuando oí decir por primera vez “la Catedral no se puede terminar porque el suelo no resiste”. Ya graduado y dedicado a la Ingeniería Geotècnica afanosamente busqué los estudios y antecedentes que avalaran aquella aserción, pero nunca los hallé. Quedó flotando, entonces, la duda: ¿era ello verdad, o simplemente, una leyenda popular? Recientemente la incógnita ha sido elucidada, gracias a la preocupación y esfuerzo de la Fundación Catedral de la Plata que, al comienzo del año 1993, impulsó una seria investigación de suelos que permitió acercarnos a la verdad. Anticipemos el final: desde el punto de vista geotécnico las torres pueden concluirse. Aquello, era sólo leyenda... Lo que sigue es apenas una síntesis de la citada investigación, que realizamos conjuntamente con el Ing. Eduardo Nuñez, Profesor Titular de Mecánica de Suelos y Fundaciones de la UBA.
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<dc:date>1994-11-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Recuerdo que transitaba como alumno los pasillos de la Facultad de Ingeniería de La Plata cuando oí decir por primera vez “la Catedral no se puede terminar porque el suelo no resiste”. Ya graduado y dedicado a la Ingeniería Geotècnica afanosamente busqué los estudios y antecedentes que avalaran aquella aserción, pero nunca los hallé. Quedó flotando, entonces, la duda: ¿era ello verdad, o simplemente, una leyenda popular? Recientemente la incógnita ha sido elucidada, gracias a la preocupación y esfuerzo de la Fundación Catedral de la Plata que, al comienzo del año 1993, impulsó una seria investigación de suelos que permitió acercarnos a la verdad. Anticipemos el final: desde el punto de vista geotécnico las torres pueden concluirse. Aquello, era sólo leyenda... Lo que sigue es apenas una síntesis de la citada investigación, que realizamos conjuntamente con el Ing. Eduardo Nuñez, Profesor Titular de Mecánica de Suelos y Fundaciones de la UBA.</dc:description>
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<title>Un bosquejo de la prehistoria sudamericana: (Los hitos principales)</title>
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<name>Cardich, Augusto R.</name>
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<updated>2019-07-24T04:06:55Z</updated>
<published>1994-11-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Museo; no. 4
Sudamérica fue un continente isla durante gran parte de la edad de los mamíferos, esto es, dentro de los últimos 70 millones de años (Simpson 1964:59). A fines del Plioceno o principios del Pleistoceno, hace aproximadamente dos millones de años, emergió la conexión con América del Norte, mediante el istmo de Panamá. Esto fue, desde luego, un acontecimiento muy anterior a la presencia del hombre en América. El tema de la antigüedad del hombre en Sudamérica está ligado, claro está, a uno mayor, referido a toda América. Aquí encontramos una vieja controversia de los autores, la que aún subsiste. Las diversas posiciones se podrían reunir en tres grupos: 1) Los partidarios de una alta edad, que pueden incluir varias decenas de miles de años (20.000 años o más según cada investigador, y no faltan, los menos, que señalan hasta 100.000 años); se basan en algunos hallazgos y fechados, que muchos rechazan y otros dudan, en espera de mayores confirmaciones. 2) Los autores que afirman que la llegada del hombre se habría producido entre los 12.000 y unos 15.000 ó 20.000 años, contando con muchos hallazgos y algunas dataciones radiocarbónicas. 3) Los que en base a la edad radiocarbónica segura de numerosas muestras de un complejo de cazadores del paleoindio de Norteamérica, llamado Llano (Clovis), no aceptan una edad mayor a los 11.500 años antes del presente (A.P.) para tal llegada del hombre a América.
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<dc:date>1994-11-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Sudamérica fue un continente isla durante gran parte de la edad de los mamíferos, esto es, dentro de los últimos 70 millones de años (Simpson 1964:59). A fines del Plioceno o principios del Pleistoceno, hace aproximadamente dos millones de años, emergió la conexión con América del Norte, mediante el istmo de Panamá. Esto fue, desde luego, un acontecimiento muy anterior a la presencia del hombre en América. El tema de la antigüedad del hombre en Sudamérica está ligado, claro está, a uno mayor, referido a toda América. Aquí encontramos una vieja controversia de los autores, la que aún subsiste. Las diversas posiciones se podrían reunir en tres grupos: 1) Los partidarios de una alta edad, que pueden incluir varias decenas de miles de años (20.000 años o más según cada investigador, y no faltan, los menos, que señalan hasta 100.000 años); se basan en algunos hallazgos y fechados, que muchos rechazan y otros dudan, en espera de mayores confirmaciones. 2) Los autores que afirman que la llegada del hombre se habría producido entre los 12.000 y unos 15.000 ó 20.000 años, contando con muchos hallazgos y algunas dataciones radiocarbónicas. 3) Los que en base a la edad radiocarbónica segura de numerosas muestras de un complejo de cazadores del paleoindio de Norteamérica, llamado Llano (Clovis), no aceptan una edad mayor a los 11.500 años antes del presente (A.P.) para tal llegada del hombre a América.</dc:description>
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<title>La sistemática y la crisis de la biodiversidad</title>
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<name>Crisci, Jorge Víctor</name>
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<name>Morrone, Juan José</name>
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<id>http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/47201</id>
<updated>2019-07-24T04:06:20Z</updated>
<published>1994-11-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Museo; no. 4
Hagamos un viaje al pasado. Recorramos 3500 millones de años para ver cómo era la Tierra en ese momento. La atmósfera carecía de oxígeno, no existía la capa de ozono y violentas tormentas eléctricas azotaban el ambiente. Así, entre relámpagos y truenos, aparecía la vida sobre la Tierra, cuando una molécula compleja adquiría la capacidad de reproducirse y dejar descendencia con cambio (=evolución). En ese trascendental momento de la historia de nuestro planeta comenzaba a escribirse la historia de la biodiversidad, es decir, de la variedad de organismos vivientes y de los complejos ecológicos que ellos integran. Ese fenómeno cambió profundamente al planeta y su atmósfera; basta mirar a nuestro alrededor para confirmarlo. En esos tres mil quinientos millones de años -período tan vasto que desconcierta a la imaginación- aparecieron y también en muchos casos se extinguieron millones de especies.
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<dc:date>1994-11-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Hagamos un viaje al pasado. Recorramos 3500 millones de años para ver cómo era la Tierra en ese momento. La atmósfera carecía de oxígeno, no existía la capa de ozono y violentas tormentas eléctricas azotaban el ambiente. Así, entre relámpagos y truenos, aparecía la vida sobre la Tierra, cuando una molécula compleja adquiría la capacidad de reproducirse y dejar descendencia con cambio (=evolución). En ese trascendental momento de la historia de nuestro planeta comenzaba a escribirse la historia de la biodiversidad, es decir, de la variedad de organismos vivientes y de los complejos ecológicos que ellos integran. Ese fenómeno cambió profundamente al planeta y su atmósfera; basta mirar a nuestro alrededor para confirmarlo. En esos tres mil quinientos millones de años -período tan vasto que desconcierta a la imaginación- aparecieron y también en muchos casos se extinguieron millones de especies.</dc:description>
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<title>Anecdotario del perito Moreno</title>
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<name>Fundación Museo La Plata</name>
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<updated>2019-07-24T04:05:24Z</updated>
<published>1994-11-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Museo; no. 4
Dijimos que para Moreno la Patagonia se convertiría en un objetivo fundamental de su accionar. Después de su largo viaje de exploración realizado entre 1875-1876, con un recorrido de 2.000 kilómetros, que le permitió llegar en enero de 1876 hasta el Lago Nahuel Huapi -primer hombre blanco en alcanzar dicho lago desde el Atlántico- regresa a Buenos Aires donde llega en marzo de 1876. Pero no ha de descansar mucho; anhela continuar sus exploraciones. Quiere alcanzar las nacientes del río Santa Cruz para averiguar... “la verdadera situación de la Cordillera y confirmar los derechos argentinos y las tierras Magallánicas ubicadas al oriente de los Andes”. Ya en 1874, en el bergantín goleta Rosales había llegado hasta la desembocadura del río Santa Cruz, pero no pudo completar su deseo de alcanzar las nacientes del mismo, viéndose obligado a postergar su propósito.
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<dc:date>1994-11-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Dijimos que para Moreno la Patagonia se convertiría en un objetivo fundamental de su accionar. Después de su largo viaje de exploración realizado entre 1875-1876, con un recorrido de 2.000 kilómetros, que le permitió llegar en enero de 1876 hasta el Lago Nahuel Huapi -primer hombre blanco en alcanzar dicho lago desde el Atlántico- regresa a Buenos Aires donde llega en marzo de 1876. Pero no ha de descansar mucho; anhela continuar sus exploraciones. Quiere alcanzar las nacientes del río Santa Cruz para averiguar... “la verdadera situación de la Cordillera y confirmar los derechos argentinos y las tierras Magallánicas ubicadas al oriente de los Andes”. Ya en 1874, en el bergantín goleta Rosales había llegado hasta la desembocadura del río Santa Cruz, pero no pudo completar su deseo de alcanzar las nacientes del mismo, viéndose obligado a postergar su propósito.</dc:description>
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<title>Prohombres del Museo: Samuel A. Lafone Quevedo</title>
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<name>Teruggi, Mario Egidio</name>
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<updated>2019-07-24T04:06:15Z</updated>
<published>1994-11-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Museo; no. 4
Samuel A. Lafone Quevedo (1835-1920) fue el segundo director que tuvo el Museo de La Plata, sucediendo al Fundador, tras la renuncia de éste al crearse la Universidad Nacional de La Plata sobre la base, en buena parte, del Museo provincial. Fue designado director el 7 de febrero de 1906 y estuvo en el cargo hasta su muerte en La Plata el 18 de julio de 1920, o sea catorce años y medio, la dirección más larga después de la de Moreno, que superó los veinte años.
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<dc:date>1994-11-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Samuel A. Lafone Quevedo (1835-1920) fue el segundo director que tuvo el Museo de La Plata, sucediendo al Fundador, tras la renuncia de éste al crearse la Universidad Nacional de La Plata sobre la base, en buena parte, del Museo provincial. Fue designado director el 7 de febrero de 1906 y estuvo en el cargo hasta su muerte en La Plata el 18 de julio de 1920, o sea catorce años y medio, la dirección más larga después de la de Moreno, que superó los veinte años.</dc:description>
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<title>El caylle de Lafone Quevedo: Nota sobre la ilustración de tapa</title>
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<author>
<name>Raffino, Rodolfo Adelio</name>
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<id>http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/47197</id>
<updated>2019-07-24T04:06:08Z</updated>
<published>1994-11-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Museo; no. 4; http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/47065
Según Lafone Quevedo, “caylle” o “caijlle” es una voz caca na, la lengua perdida de las naciones Calchaquíes y Diaguitas. Con ella se denominaban las figuras o rostros humanos impresos en placas metálicas hechas en oro, plata, cobre o bronce. En los Andes de Argentina, Bolivia y Chile estos amuletos poseen una centenaria tradición cultural que se remonta, por lo menos, a los inicios de la era cristiana de los tiempos prehispánicos. Este disco, cuya imagen aparece en la tapa, es el más famoso que exista, el más referido en los textos arqueológicos del sur del Lago Titicaca y el más reproducido en las láminas de libros de prehistoria sobre cuestiones sudamericanas. Citado y descripto en textos publicados en una decena de idiomas. Un espécimen al que sólo los esmilodontes del escultor Víctor de Pol, los de la fachada del Museo de La Plata, le podrían disputar el carácter emblemático representativo de esta institución.
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<dc:date>1994-11-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Según Lafone Quevedo, “caylle” o “caijlle” es una voz caca na, la lengua perdida de las naciones Calchaquíes y Diaguitas. Con ella se denominaban las figuras o rostros humanos impresos en placas metálicas hechas en oro, plata, cobre o bronce. En los Andes de Argentina, Bolivia y Chile estos amuletos poseen una centenaria tradición cultural que se remonta, por lo menos, a los inicios de la era cristiana de los tiempos prehispánicos. Este disco, cuya imagen aparece en la tapa, es el más famoso que exista, el más referido en los textos arqueológicos del sur del Lago Titicaca y el más reproducido en las láminas de libros de prehistoria sobre cuestiones sudamericanas. Citado y descripto en textos publicados en una decena de idiomas. Un espécimen al que sólo los esmilodontes del escultor Víctor de Pol, los de la fachada del Museo de La Plata, le podrían disputar el carácter emblemático representativo de esta institución.</dc:description>
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<title>Editorial: El Museo y la ciudad</title>
<link href="http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/47195" rel="alternate"/>
<author>
<name>Teruggi, Mario Egidio</name>
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<updated>2019-07-24T04:05:18Z</updated>
<published>1994-11-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Contribucion a revista
Museo; no. 4
El hecho más singular en toda la historia urbana de la Argentina es que, cuando se funda la nueva capital provincial el 19 de noviembre de 1882, no se trata de una creación &lt;i&gt;ex nihil&lt;/i&gt;, sino más bien de una transferencia global desde Buenos Aires. Vino a La Plata todo el gobierno y el aparato administrativo bonaerense y, en sus entrañas, el Museo Antropológico de Moreno, fundado el 17 de octubre de 1877. En junio de 1884 dicho museo es instalado en La Plata y el 15 de setiembre del mismo año se eleva el presupuesto para el denominado “Museo de La Plata”, cuyos planos se aprueban dos días más tarde y en dos días más es designado Moreno como director. Es de destacar que la institución, desde su inicio, fue bautizada Museo de La Plata, como si con esta denominación (y no con la de Museo de Ciencias Naturales o Museo de Historia Natural) quisiera subrayarse el lazo indisoluble que une ciencia y ciudad.
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<dc:date>1994-11-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>El hecho más singular en toda la historia urbana de la Argentina es que, cuando se funda la nueva capital provincial el 19 de noviembre de 1882, no se trata de una creación &lt;i&gt;ex nihil&lt;/i&gt;, sino más bien de una transferencia global desde Buenos Aires. Vino a La Plata todo el gobierno y el aparato administrativo bonaerense y, en sus entrañas, el Museo Antropológico de Moreno, fundado el 17 de octubre de 1877. En junio de 1884 dicho museo es instalado en La Plata y el 15 de setiembre del mismo año se eleva el presupuesto para el denominado “Museo de La Plata”, cuyos planos se aprueban dos días más tarde y en dos días más es designado Moreno como director. Es de destacar que la institución, desde su inicio, fue bautizada Museo de La Plata, como si con esta denominación (y no con la de Museo de Ciencias Naturales o Museo de Historia Natural) quisiera subrayarse el lazo indisoluble que une ciencia y ciudad.</dc:description>
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