El cine etnográfico posibilitó a través de las imágenes en movimiento comprender la variabilidad de los seres humanos, conocer los comportamientos y costumbres de los “otros” culturales, permitiendo a las audiencias occidentales acceder a una representación superadora de aquella que brindaban a fines del Siglo XIX el dibujo, los moldes de yeso e incluso la fotografía.