Está claro que nos encontramos frente a una economía que evoluciona muy rápidamente, por lo que es urgente adaptar la fuerza de trabajo a estas nuevas realidades. Y en ese sentido, las políticas domésticas juegan un papel central, con los Estados tomando decisiones que faciliten la transición.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que, a pesar de haber producido grandes adelantos para la humanidad, las anteriores revoluciones también ensancharon la brecha entre los países desarrollados y los países en desarrollo o emergentes.