Cuando se lee la traducción de un poema, conviene tener en cuenta la actitud asumida frente a la obra del poeta traducido por la crítica del ámbito al cual pertenece el traductor: si las opiniones no son unánimes, debe atenderse a la orientación por la cual se inclina este último. Con esto el lector no está obligado a identificarse con la sensibilidad crítica del traductor, pero conseguirá, sin duda, entender ciertos matices impresos a la versión del poema que, desde otro punto de vista, resultarían nebulosos.