Adelaida decide volver a su pueblo natal para vivir allí. Es así como se muda desde la ciudad, dejando atrás su florería, llevando consigo a Amapola, su hija de ocho años.En el recorrido de Adelaida con Amapola, le relata a la pequeña sobre sus antiguos vecinos en el pueblo. Al mismo tiempo, Amapola descubre un nuevo mundo entre lavandas, mar y praderas. Se encuentra con un lugar donde puede correr, jugar y trepar libremente. Amapola cambia el barrio, con su energía traviesa, ilumina un lugar que antes estaba apagado por la mirada adulta.