En este primer capítulo nos aproximamos a la distinción entre el conocimiento científico y otras formas de conocer el mundo como el intuitivo, el conocimiento mítico, religioso, artístico o lo que también se llama sentido común. Todas formas de construir imágenes, saberes y representaciones que nos permiten “ser en el mundo”, actuar, decidir, intervenir y a su vez conmovernos, involucrarnos, comunicarnos y compartir códigos. Estas distinciones analíticas de las formas del “conocer”, tienen, particularmente en el caso del conocimiento que calificamos de científico, ciertos requisitos, los cuales, ya veremos, no permanecen intactos e incuestionables sino que son construcciones situadas en contextos históricos, políticos y sociales específicos. Consideremos, como un principio fundamental que el cambio forma parte de la naturaleza del conocimiento, las ideas, el pensamiento. A este punto de partida le sumamos otro que sin duda es una de las enseñanzas claves de la antropología, que no hay jerarquías preestablecidas entre todas y cualquier forma de conocimiento. A su vez, las formas de conocimiento denominadas científicas encuentran su coherencia en contextos discursivos más amplios, paradigmas o modelos. Alimentemos esta idea con definiciones y autores.