Siempre tuve la costumbre de revisar y estudiar personalmente los materiales botánicos, especialmente micológicos, que llegaron a mis manos, sea por la generosidad de los colegas, sea por mutuos canjes. Aprovecho pues una interrupción entre las múltiples tareas que me absorben y me he impuesto, para dar a la luz algunas observaciones que he llevado a cabo sobre tales materiales y que considero oportunas y tal vez útiles para los colegas que se ocupan de micología.