Valeria decide dar un paseo por su ciudad natal, se siente llena de vida mientras recorre las calles que solía explorar en su infancia. Sin embargo, a medida que avanza, se da cuenta de que está perdiendo la orientación.El familiar paisaje de su ciudad empieza a tornarse confuso, y el destino al que se dirigía se desvanece de su mente.A pesar de la confusión, el conocimiento innato de las calles y de los lugares que alguna vez conoció le proporciona un sentido de dirección, aunque cada giro y cada esquina parecen distanciarla más de su meta original. El viaje de la joven es, en realidad, el reflejo de una Valeria anciana perdida en el tiempo y el olvido.