El teatro independiente surgió en Buenos Aires a principios de la década de los años treinta como un modo de producir y de concebir el teatro que pretendió renovar la escena nacional de tres maneras: se diferenció del teatro que ponía los objetivos económicos por delante de los artísticos; se propuso realizar un teatro de alta calidad estética; careció de fines lucrativos.
En este sentido, se constituyó como una práctica colectiva y contestataria, oponiéndose al statu quo del teatro de aquellos años e impulsando una organización anticapitalista, pero también heterogénea, ya que se mostró como un entramado complejo y rico en su diversidad.
De acuerdo con esto, en la presente ponencia me propongo sentar las bases del estudio de un caso en particular: el Instituto de Arte Moderno.