¿Cómo se diseñan los espacios comunes y domésticos en la vivienda colectiva? Distintos autores han estudiado históricamente estas problemáticas. En el presente escrito se articulará las perspectivas de Montaner, Franco López, Marín Durán y Barraud, apoyados en la hipótesis de que los espacios colectivos permiten diferentes grados de interacción común e intimidad donde se establecen vínculos de reciprocidad y se genera comunidad. Por otro lado, los espacios domésticos están despolitizados, por este motivo politizamos la arquitectura, planteando que los modos de habitar son la directriz del proceso proyectual que dan forma al proyecto de vivienda.
Analizaremos, como antecedente, el proyecto de la cooperativa ‹La Fábrica›, autoconstruida por el Movimiento de Ocupantes e Inquilinos (MOI), que en su diseño arquitectónico y gestión ha resignificado la práctica arquitectónica mediante la proyección de espacios de cuidado compartidos, tanto urbanos como domésticos, con el objetivo de fomentar el derecho a la ciudad y la producción del hábitat.