El papel educativo de la Universidad es cada vez más visible y apreciado. Hoy ya nadie desconoce que su verdadero fin es formar la personalidad de los jóvenes estudiantes, desarrollando sus aptitudes mentales, vigorizándoles la comprensión y el raciocinio, haciéndoles amar lo bello y practicar lo bueno. La educación interesa tanto como la instrucción, porque es la que permite modelar el espíritu en la forma más conducente para estimular el afán de superación que debe animar a los hombres cultos.