Las relaciones interdisciplinarias son hoy consideradas indispensables, en la actualidad de una investigación científica que aspire a niveles realmente explicativos. Tal necesidad no deja de hacerse notar asimismo en el área de los estudios filosóficos, si bien con diverso sentido y matices, ya que pertenece a la esencia de la filosofía una exigencia de universalidad que desborda -fundándolo- el saber particular de las ciencias. Si la profundización del fenómeno que ha de llegar hasta su núcleo esencial pasa por el fenómeno mismo, o sea capta lo universal, en lo particular, según la gran lección aristotélica, el saber científico positivo debería coordinarse con el conocimiento universal estrictamente filosófico: un conocimiento de largo aliento, que al dar el salto transfenoménico poseería una base firme y sólida susceptible de ser evaluada como una forma de control no descartable, dado el avence excepcional de algunas disciplinas contemporáneas, por ejemplo, la lingüística, considerada por muchos ciencia piloto.