La necesidad de los Estados de accionar e intervenir en este nuevo espacio informativo se enmar-can también en las transformaciones actuales del capitalismo moderno. Las clases capitalistas, nos dice Zuboff, reclaman unilateralmente para sí la experiencia humana en internet, entendiéndola como una materia prima gratuita que puede traducirse en datos de comportamiento. Los datos de navegación son insumos fundamentales para las grandes empresas quienes utilizan estos para elaborar modelos predic-tivos del comportamiento humano. Estos productos predictivos son comprados y vendidos en un nuevo tipo de mercado de predicciones de comportamientos que se denomina como mercados de futuros con-ductuales. Esto da origen a un nuevo poder que impone su dominio sobre la sociedad, la instrumentación e instrumentalización de la conducta se hace a efectos de su modificación, predicción, monetización y control del comportamiento de los individuos en sociedad (Zuboff, 2020). El cambio radical tanto en la forma de participación de usuarios en foros tradicionales como en la masividad y novedad de las redes sociales como Facebook y X (antes Twitter) e incluso el surgimiento de los sistemas de mensajería ins-tantánea como Telegram y Whatsapp.
Argumentamos que, a partir del advenimiento de la web 2.0 estamos viviendo en un período de transición entre la sociedad de la información propuesta por Castells y el capitalismo de vigilancia de Zuboff. En este período de transición los estados en occidente incrementaron sus avances sobre el apa-rato informático dentro de sus fronteras mediante estrategias diversas que incluyen la asociación del Estado con sectores o fracciones de clase dentro de las denominadas Big Tech.
Esta lógica de poder influye directamente en la política internacional, donde estas corporaciones promueven normas globales afines a sus modelos de negocio.
Este ensayo sostiene que se está configurando un mundo tecnopolar, alejado de las utopías pro-movidas por los gurús empresariales (Walt, 2021). Este nuevo orden se expresa, más bien, mediante la creación de esferas de influencia digital compuestas por una diversidad de actores, pero fundamental-mente dirigidas por intereses estatales. Se trata de una expresión novedosa de la jurisdicción y la sobe-ranía, que trasciende el concepto tradicional de territorialidad para establecerse como un campo de com-petencia abierta entre potencias. Para analizar esta dinámica, examinaremos el caso de Estados Unidos, donde es posible rastrear en su evolución reciente la conformación de un bloque de poder que asocia a una fracción de las Big Tech con el proyecto político del neoconservadurismo occidental.