Cuando razonamos producimos argumentos o razonamientos : ofrecemos determinadas afirmaciones (que llamaremos premisas del argumento) como razones a favor de la verdad de otra afirmación (que llamaremos la conclusión del argumento).
¿Son siempre buenos nuestros razonamientos? Obviamente, no. Cuando presentamos un razonamiento pretendemos que las premisas dan buenas razones para creer en la verdad de la conclusión, pero esto no siempre es así. A veces las premisas constituyen realmente buenas razones para creer en la verdad de la conclusión (en cuyo caso decimos que el razonamiento es bueno o correcto). Pero no siempre: a veces las premisas no nos dan realmente buenas razones para creer en la verdad de la conclusión.
¿Cómo podemos saber si un argumento es bueno o malo? De eso, precisamente, se ocupa la lógica: de estudiar qué es lo que hace buenos a algunos argumentos y malos a otros, para, de este modo, intentar desarrollar métodos que nos permitan averiguar fehacientemente si un determinado argumento es bueno o malo, correcto o incorrecto.
Pero, ¿necesitamos realmente hacer estas comprobaciones? ¿No razonamos ya razonablemente bien sin necesidad de aprender ni aplicar ninguno de los complicados métodos que desarrollan los estudiosos y las estudiosas de la lógica? En general, no creemos tener problemas con nuestra capacidad de razonar (aunque sí solemos creer que el resto tiene algún problema, porque si no, ¿por qué tantas veces se empeñan en no darnos la razón?). Pero lo cierto es que no razonamos tan bien como creemos (y mucho menos si el tema de discusión no es un asunto vinculado a nuestra vida social). Como veremos, nuestras facultades de razonamiento suelen funcionar bastante mal cuando se trata de razonar sobre temas abstractos o de estimar probabilidades. Pero en nuestra vida cotidiana a menudo tomamos decisiones importantes sobre la base de estimaciones rápidas de probabilidades y quienes deciden estudiar una carrera universitaria, a menudo tendrán que razonar sobre temas abstractos.
En esta obra veremos algo de psicología del razonamiento y algo de lógica. La psicología del razonamiento nos ayudará a ver cuándo y por qué es esperable que nos equivoquemos al razonar sobre ciertos temas. Y la lógica nos dará herramientas para evaluar más detenidamente los razonamientos cuando estemos razonando sobre el tipo de temas en los que es más probable que nos equivoquemos (y asegurarnos así de no caer en esos errores).