Poseer una heurística es poseer una herramienta para resolver un problema. Un problema puede ser, por ejemplo, determinar qué es lo que alguien está deseando. Como no podemos leer la mente de la persona, tendremos que recurrir a herramientas que nos permitan dar una respuesta, aunque esas herramientas no sean infalibles. Así, puedo suponer que un niño desea una cosa, en virtud de que le dedica mucho tiempo a mirar esa cosa. Prestar atención a su mirada es una heurística para determinar qué es lo que está deseando. Podemos aplicar la misma heurística cuando hacemos deporte. Si quien tiene la pelota está mirando en una dirección, concluiremos que lo más probable es que busque pasar la pelota en esa dirección. ¿Puede fallar la heurística? Claro que sí. Un jugador experimentado puede explotar el uso de esta heurística, y mirar en dirección contraria a la que desea pasar la pelota. La heurística es una buena herramienta, pero en ciertos contextos no funcionará.
Bien, ahora nos concentraremos en las heurísticas que tenemos para evaluar probabilidades, y en los errores que podemos cometer al utilizarlas.
En el capítulo 2 habíamos dicho que el mayor inconveniente (de cara a evitar errores) lo tendremos cuando el problema sea difícil, el Sistema 1 cuente con una heurística, y el contexto sea aquél en el que seguir la heurística nos lleva a cometer errores. En estos contextos, aplicar la heurística nos llevará a errores sistemáticos o sesgos.
Sesgo: error sistemático que se produce en circunstancias específicas La evaluación de probabilidades es difícil y el Sistema 1 cuenta con heurísticas para realizar una evaluación rápida y en general adecuada (veremos dos: la heurística de disponibilidad y la heurística de representatividad). Aunque estas heurísticas sean muy útiles (en tanto nos dirigen, en muchos contextos, hacia respuestas correctas al problema), en determinados contextos, nos llevarán a un error sistemático o sesgo. Veamos ahora en qué consisten estas heurísticas y en qué circunstancias dan lugar a sesgos.