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Este trabajo se enmarca en el proyecto de investigación "Conocimientos infantiles sobre la sociedad: estudio de casos sobre las representaciones acerca de las diferencias de género en niños y niñas de 10 y 11 años - Segunda parte” (I + D Nº 11/S076, acreditado por la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional de la Plata y dirigido por la profesora Borzi). Se analizan aportes de diversas autoras que cuestionan el binarismo de género en el ámbito de la psicología y las neurociencias y plantean un enfoque de "mosaico", el cual supera la categorización tradicional en masculino y femenino al poner en evidencia la variabilidad intrínseca en el cerebro y el comportamiento humanos. En este sentido, Joel (2021) sostiene que el cerebro no se organiza en dos tipos (masculino y femenino), sino que cada cerebro constituye un mosaico único de características, algunas veces más comunes en hombres y otras, en mujeres. Esta variabilidad demuestra la insuficiencia del binarismo para describir el cerebro humano y plantea que el enfoque de "mosaico” capta la complejidad inherente al desarrollo de la identidad de género. En la misma línea, Hyde et al. (2019) formulan cinco desafíos al binarismo de género en la investigación en psicología (así como también en otras disciplinas) y critican la rigidez metodológica de estudios anteriores, que suelen exagerar las diferencias entre géneros y omiten la superposición de características comportamentales y psicológicas. Por su parte, Fausto-Sterling (2021) introduce el marco de sistemas dinámicos para el análisis de género. La autora propone que el desarrollo del género sea entendido como un proceso continuo que se reconfigura en función de la interacción social y la experiencia encarnada del individuo. Este enfoque sugiere que, en lugar de analizar el género como una categoría fija, se debe entender como un sistema abierto y dinámico en el que el contexto y las experiencias modulan las expresiones de género. Algunos autores reconocen la perspectiva de sistemas dinámicos como un enfoque teórico e investigativo relevante. Hines (2015), por ejemplo, destaca que un aspecto atractivo de esta perspectiva es que puede obviar el debate engañoso entre naturaleza y crianza, mientras que Ruble et al. (2006) subrayan que este marco ofrece puntos de vista más matizados del género en diferentes escalas de tiempo. En este contexto, concluimos que las perspectivas de sistemas dinámicos y la de mosaico constituyen herramientas teóricas complementarias para analizar las representaciones de género en la infancia.
In EnglishThis work is framed within the research project "Children's knowledge about society: Case studies on representations of gender differences in boys and girls aged 10 and 11- Part two” (I + D N° 11/S076, accredited by Secretaría de Ciencia y Técnica- Universidad Nacional de La Plata and directed by Prof. Sonia Borzi). It analyzes contributions of several authors who question gender binarism in the field of psychology and neurosciences and propose a "mosaic" approach, which overcomes the traditional categorization into masculine and feminine by highlighting the intrinsic variability in human brain and behavior. In this regard, Joel (2021) argues that the brain is not organized into two types (male and female), but rather each brain constitutes a unique mosaic of characteristics, sometimes more common in men and sometimes more common in women. This variability demonstrates the inadequacy of binarism to describe the human brain and argues that the "mosaic" approach captures the inherent complexity of gender identity development. In the same vein, Hyde et al. (2019) formulate five challenges to gender binarism in psychology research (as well as in other disciplines) and criticize the methodological rigidity of previous studies that often exaggerate gender differences and omit overlapping behavioral and psychological traits. On her account, Fausto-Sterling (2021) introduces the dynamic systems framework for gender analysis. She proposes gender development to be understood as a continuous process that reconfigures itself according to social interaction and the individual's embodied experience. This approach suggests that, instead of analyzing gender as a fixed category, it should be understood as an open and dynamic system in which context and experiences modulate gender expressions. Some authors recognize the dynamic systems perspective as a relevant theoretical and investigative approach. Hines (2015), for example, highlights that an appealing aspect of this perspective is that it can bypass the misleading debate between nature and nurture, while Ruble et al. (2006) emphasize that this framework offers more nuanced views of gender across different time scales. In this context, we conclude that dynamic systems framework and mosaic perspective constitute complementary theoretical tools for analyzing gender representations in childhood.
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