Nos toca despedir a Élida Lois, fallecida la madrugada del 17 de agosto, y lo hacemos con profunda tristeza y un agradecimiento inmenso. La cultura argentina le deberá por siempre su edición de Martín Fierro, que queda establecido por la maestra como un poema único publicado en dos partes. Para reunir los testimonios de su escritura, Élida logró recuperar una libreta manuscrita que no podía manipularse sin que se deshaga en las manos y hoy está restaurada y expuesta en el Museo Histórico Nacional. Para analizar la elaboración de su "clave lingüística”, la investigadora desplegó un minucioso conocimiento de las hablas rurales del siglo XIX y del incipiente ambiente político-literario que le permitió encontrar el grano del conflicto: "La hegemonía lingüística que impone una cultura dominante nunca es absoluta, tiene resquicios por los que penetran –a través del mismo lenguaje– concepciones del mundo que entrañan ideas disímiles y contradictorias” (XCVI). En suma, un "schibboleth hernandiano”, como lo define a partir de un concepto elaborado por Derrida con el que Lois recorre los cambios de acentuación en varios octosílabos famosos.