La pena de muerte ha sido practicada en la mayoría de las sociedades que han existido hasta hoy.
Durante muchos siglos ha sido la pena por excelencia.
En primer lugar, porque se pensaba que de este modo se zanjaba definitivamente el problema de la peligrosidad del delincuente.
En el mundo antiguo, hasta el cristianismo, la P. de muerte era un recurso frecuente. El cristianismo, sin oponerse de forma absoluta, consiguió que se hiciera menos frecuente y que se practicara con menos ostentación y crueldad. Desde el siglo XVIII empieza a plantearse la duda sobre la legitimidad de la pena de muerte, como se puede ver en algunos hombres de la Ilustración. Pero el suceso político en el que confluyen esas ideas - la Revolución Francesa- aplicó la pena de muerte con un rigor y una frecuencia inusitados.