En nuestras investigaciones previas sobre la segregación en la civilización, tratamos de precisar que, si bien puede considerarse que siempre hubo segregación, en nuestra época adquiere algunas particularidades no solo por su extensión inédita, sino también por ciertos funcionamientos lógicos. Consignábamos que, a la declinación del discurso del amo, del nombre del padre, del patriarcado, le siguió un retorno sensacional del mismo en una lógica nueva que Lacan profetizó y precisó en su conocida Nota sobre el Padre, donde se afirma que luego de su evaporación queda su cicatriz hecha de fundamentalismos, fanatismos traducidos a términos lógicos, hecha de para todos sin excepción y de para todos uno por uno.
Nuestro objetivo ahora es situar elementos lógicos de una acción posible a la que llamamos prudentemente: incidencias anti segregativas. Esa acción se ubica del lado de la lógica que llamamos no todo, y que corresponde a las fórmulas femeninas de la sexuación; en oposición a las lógicas del todo que animan y dominan las lógicas segregativas tomando por objeto al segregado, y que se corresponden con las fórmulas masculinas de la sexuación.
En nuestras consideraciones teóricas tomaremos en cuenta que la lógica del todo se arraiga en un cuerpo animado por un goce mortífero que es goce fálico, y que empuja a la acción violenta contra el otro, a la destrucción del otro convertido en objeto a eliminar; en un modo de funcionamiento que puede no admitir ni el límite, ni la excepción.
Nuestras investigaciones previas sobre el tema nos advierten que el orden de la ley, de la castración y de la excepción caducan en este régimen de funcionamiento, y sin embargo, se sigue apelando a que hay que poner un límite a esa violencia. ¿De dónde puede surgir un límite? Un saber popular dice: "más allá del límite hay un límite”, ¿lo hay? ¿de qué se trata?