Durante el mes de enero y parte de febrero de 1925, el doctor don Carlos Bruch fué a veranear en la sierra de Córdoba, en los alrededores del pueblo de Alta Gracia, y este buen amigo tuvo la deferencia de acordarse de las aficciones de su viejo compañero, enviándole una rica y muy interesante colección de macromicetas y micromicetas de dicha localidad, la que me ha servido de base para brindar a los colegas este modesto opúsculo. Me es, pues, grato dar públicamente mis gracias más sinceras y sentidas al eminente entomólogo, que tuvo la bondad de restar bastante tiempo a sus investigaciones favoritas, para permitirme ampliar nuestros escasos conocimientos sobre la flora criptogámica de esa región, que se podía considerar hasta ahora como totalmente desconocida.