Subrayamos nuestra idea del asunto: Por definición, el campo de la clínica psicoanalítica se instituye en los dispositivos cuando se preserva la dimensión de lo singular.
Dicho esto, las novedades que día a día introducen los discursos en el ámbito de la salud mental nos exigen una actualización de los debates acerca de la práctica. La relevancia de los procesos referidos nos interroga sobre una dimensión de la segregación, siempre presente como tendencia que se renueva según los momentos y los ámbitos. Más allá de los aspectos jurídicos o sociológicos, en una clínica marcada, la vulnerabilidad de los usuarios que transitan por las instituciones públicas, la separación de lo diferente en tanto amenaza, toma nuevas formas.
Afirmar que la clínica no es la práctica sino una elucubración de saber respecto de la misma implica necesariamente echar por tierra una vieja idea instalada en el circuito universitario, la cual sitúa como supuesto anhelo -más acuciante cuanto más un estudiante se acerca a la conclusión de sus estudios de grado- el de "bajar la teoría a la práctica”. Por cierto, esto constituye un grave error que no hace más que alimentar prejuicios, ubicar la práctica por debajo de la teoría.
Necesitamos, por otro lado, en virtud de su heterogeneidad diacrónica y sincrónica, multiplicar las prácticas renunciando al intento de acortar la brecha entre la práctica inaugurada por Sigmund Freud y la nuestra.