La violencia humana es un fenómeno universal que ha interpelado al psicoanálisis desde sus inicios, dando lugar a múltiples desarrollos en el campo freudiano que han intentado localizar el origen de esta violencia y formalizar modos de intervenirla. En esta línea, como señala Miller (2017), también se han distinguido diversas formas adoptadas por este fenómeno, al cual no puede pensarse como homogéneo en sus características y en sus coyunturas de emergencia.
Partiendo de estos planteos, este capítulo se propone desarrollar la noción de violencia segregativa como efecto de la evaporación del padre, y del retorno que se produce en su cicatriz, siguiendo la tesis que introduce Lacan (2016 [1968]), y mostrar cómo la criminalización del aborto es una forma de ejercer este tipo de violencia sobre el cuerpo de las mujeres.
Asimismo, nos interesa dar cuenta del modo en que los analistas nos hemos incluido en el debate democrático sobre el aborto, a favor de su legalización, sostenidos en una ética que se opone por principio a toda forma de violencia, entendiendo que la misma se origina allí donde la palabra dimite. En este punto, nos interesa retomar una línea que introduce Bassols al afirmar que aquellos que históricamente han sido objeto de segregación y de violencia -los niños, los locos y las mujeres- han encarnado "el lugar de una palabra rechazada, incluso reprimida en el sentido más radical del término” (2013, s/p), razón por la cual la violencia segregativa ejercida sobre ellos viene al lugar de una palabra imposible de decir.
Es en este sentido que también nos proponemos desarrollar la especificidad de nuestra inclusión en las consejerías que reciben las consultas de las mujeres que se acercan a demandar una interrupción voluntaria o legal del embarazo, y de cómo la política que nos orienta apunta a gestar el lugar donde el sujeto de deseo y de goce articule un decir singular, que pueda constituirse en un modo de tratamiento de la violencia segregativa.