Las medidas comprendidas dentro del ASPO y DISPO en el marco de la pandemia tuvieron a las policías como protagonistas por motivos bien distintos. Por un lado, les funcionaries policiales eran les encargades de controlar la circulación en las calles y vigilar el cumplimiento efectivo de las medidas. Tareas que les valieron la etiqueta de "trabajadores esenciales”. Un halo de heroísmo rodeaba a los trabajadores comprendidos en esta categoría, quienes durante los primeros meses de 2020 recibían aplausos todos los días a las nueve de la noche.
En el caso de las fuerzas de seguridad, esto se produjo en un contexto de reclamos por mejoras salariales y un debate público acerca de si correspondía asignarles el estatuto de "trabajador” (Bover, 2020; Garriga Zucal, 2020), lo cual implicaría asignarles derechos laborales como la representación sindical y el derecho a huelga.
Por otro lado, y en diametral oposición, desde los medios de comunicación se visibilizaron durante los primeros meses de la pandemia hechos de violencia, excesos en el uso de la fuerza y la autoridad.
El protagonismo de las fuerzas de seguridad también estuvo dado por el señalamiento de actores ajenos al ámbito policial que marcaban el uso del contexto de excepcionalidad para disciplinar y amedrentar a los sectores más vulnerados.1 En este marco, la primera pregunta que se nos presenta al abordar el trabajo de las fuerzas de seguridad en pandemia refiere a la competencia de la policía en el manejo de una emergencia de carácter sanitaria. En relación con ello nos preguntamos cuál es la relación entre las tareas policiales y las tareas necesarias en ese contexto particular.