En épocas donde la velocidad fagocita, vorazmente, hasta los productos más significativos del hacer, la producción de conocimiento científico se revela como una suerte de desafío ralentizador. Esta idea de que el conocimiento es un movimiento más bien lento es constitutiva del proceso: para que algo pueda ser dicho con sentido, ha tenido que ser pensado, transformado por el acto mismo de estar siendo pensado. Nadie puede comunicar aquello que no ha comprendido. O, al menos, nadie puede comunicar “provocativamente” lo que no ha desbrozado a fuerza de retroceder cinco pasos después de haber dado dos.
Esa postergación vital del resultado precisa un continente que permita el “mientras tanto”. Los resultados que se expresan en este libro (tesis de Maestría, período 2020-2023) han sido posibles en el contexto de la universidad pública, gratuita y de calidad. Sin esta garantía de lo público, esa espera que demora para afianzar resultados virtuosos, no sería posible.