El volumen está dedicado a la naturaleza (φύσις/phýsis), un tema que en la antigüedad suscitó las primeras reflexiones sobre el mundo y promovió el surgimiento de la filosofía mediante las diferentes formulaciones sobre el origen y principio (ἀρχή/arché) de todas las cosas (τῶν πάντων/tôn pánton). Así, esa noción que delimita todo el libro es analizada en una época determinada, la helenística, momento en que diversas filosofías, al reconfigurarse el mundo griego tras las conquistas de Alejandro Magno, tuvieron importantes desarrollos, difundiendo cada una sus doctrinas y formas de contemplar la existencia y proponiendo vías de alcanzar la felicidad, promover el bien y convivir en sociedad. Con todo, no faltaron pensadores que descartaron el tema de la naturaleza, sobre todo los aspectos relativos a la divinidad y sus manifestaciones, por considerar que ese ámbito se hallaba fuera del entendimiento humano; precisamente el estoico Aristón de Quíos negaba por completo la utilidad de la física porque, al ser un área imposible de descifrar, no contribuía a la rectificación del modo de vida (SVF 1, 352). Aun así, el cinismo, el estoicismo, el escepticismo, el epicureísmo y el neoplatonismo generaron ideas muy interesantes que demuestran su manera de aplicar sus perspectivas epistemológicas y éticas respecto de la noción de naturaleza, puesto que observaron un vínculo indisoluble entre ella y el ser humano, al ser este último un habitante y parte de aquella; pero la cuestión específica que todas estas escuelas buscaron responder, en ocasiones enfrentándose entre sí, era el funcionamiento y las condiciones de ese vínculo, así como la importancia de que el ser humano tuviera no solo conocimiento de la naturaleza sino que supiera entender su propósito y vivir en sintonía con ella.