Intentar avanzar en el análisis de las características de la arquitectura colonial temprana implica intentar descubrir la huella de sus constructores en el registro material y reflexionar acerca de que actores, que prácticas y que tradiciones preexistentes entraron en juego en tal proceso, rastrear la aparición de recursos y componentes novedosos y evaluar el modo en que se articularon entre sí. Lo escaso del registro construido de dicho periodo que aún se mantiene en pie, lo lábil del barro –la materia prima más utilizada durante el primer siglo de conquista y colonización en ciudades del norte y oeste del país- y el elevado grado de fragmentación de los restos ha dificultado su análisis pero sobre todo ha demorado las consideraciones acerca de quiénes construyeron los edificios de esas primeras ciudades. Al igual que en el estudio de otros procesos productivos recientemente abordados por la disciplina, resulta imprescindible explorar el rol jugado por una significativa multiplicidad de actores en el desarrollo de la primitiva arquitectura local, y superar propuestas reduccionistas que han tendido a asumir que la tarea constructiva siempre estuvo asignada y limitada a miembros de las parcialidades indígenas, en algunas versiones guiados o coercionados por un europeo con experiencia en la actividad.