El 21 de abril de este año nos despertamos con la noticia de la muerte del Papa Francisco. Este acontecimiento posó los ojos del mundo nuevamente sobre Ciudad del Vaticano. Esas miradas se sostuvieron hasta que poco más de dos semanas después fuera elegido León XIV, el nuevo rector de la Iglesia Católica. Pero ¿Por qué los habitantes del mundo miran hacia Roma aún en el siglo XXI? En este escrito intentaremos realizar un recorrido que permita acercarnos a una posible respuesta a esta pregunta y a su vez, poder pensar cuáles han sido y serán los desafíos a los que se enfrenta el nuevo Padre de la Iglesia.
En primer lugar, debemos entender que aquí no hablaremos de un sistema de creencias en específico, sino que trataremos de entender cómo una de las tres religiones de libro 1, el cristianismo, es tomada como centro de la organización occidental, en tanto se pronuncia y es escuchada atentamente y de ella se prefiguran líderes mundiales.
En su recorrido histórico debemos saber que el cristianismo, a partir del 312 d.c., deja de ser perseguido en el Imperio Romano, a través del concilio de Nicea, y en 380 d.c. pasa a ser religión de Estado del Imperio a partir del Edicto de Tesalónica promulgado por Teodosio I.
A lo largo de su historia la Iglesia Católica Apostólica Romana ha tenido incidencia en la vida cotidiana y la regulación de esta en el mundo. Pero su expansión ha llegado a todos los confines de la tierra en tanto se ha asociado a los Estados que la han llevado como herramienta de colonización y dominio de los habitantes de esos territorios.