Las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX en Buenos Aires estuvieron marcadas por una serie de transformaciones físicas que modificaron radicalmente su imagen. Por un lado, la federalización en el año 1880 le otorgó a la ciudad autonomía política y administrativa; por el otro, la transición hacia una metrópolis la convirtió en una ciudad en pleno crecimiento y desarrollo, con innovaciones técnicas y tecnológicas que contribuyeron a modernizar su imagen urbana. El ensanche de calles y avenidas, el tendido de la electrificación, la construcción de escuelas y edificios administrativos la alejaban, de a poco, de una idea de precariedad, de "ciudad efímera” (Liernur; Silvestri, 1993). En particular, la apertura de las diagonales Norte y Sur en el año 1913 no solo representó un avance significativo en términos de conexión y movilidad urbana, sino que el perfil de la City porteña se materializó en un horizonte continuo de cornisas debido a que la Ordenanza de inicios de 1920 así lo establecía. Aunque la Diagonal Sur no llegó a completarse, la Diagonal Norte se consolidó conectando la Plaza de Mayo y la Avenida 9 de Julio. La oportunidad que representaba esta arteria no pasó desapercibida entre los privados, quienes rápidamente adquirieron gran parte de los nuevos loteos y comenzaron a encargar los proyectos de sus sedes corporativas. Entre las primeras obras de la Avenida Presidente Roque Sáenz Peña se encuentran el edificio First National Bank of Boston (1924), el edificio La Patagonia (1926) y el edificio La Continental (1927), construidos todos en la misma cuadra.