Durante los últimos 10 años, el este catamarqueño ha sido foco de diversas investigaciones sistemáticas, en las que los procesos de transformación del paisaje cultural han ocupado un aspecto central. Si bien las diferentes pesquisas contribuyeron al entendimiento de la historia de conformación de estos paisajes, poco se profundizó respecto a ello durante el periodo colonial y republicano. Por lo que en la actualidad, hemos comenzado a indagar en estos periodos, tan poco conocidos y necesarios para comprender las rupturas y continuidades en las formas de habitar y producir en las cumbres y en las zonas bajas donde se mixturan yungales y bosques serranos.
Hablar de procesos de transformación del paisaje cultural serrano implica considerar la naturaleza de los diferentes eventos históricos que fueron sucediéndose en estos lugares a través del tiempo y sus materialidades. Esta investigación se centra en dos sectores específicos de la serranía de El Alto-Ancasti. Por un lado, se aborda la cumbre serrana donde contamos con la presencia de un antiguo paisaje agrícola ganadero. Allí encontramos, al fondo de valles y cerca a cursos de agua, un conjunto de casitas, similares entre sí, las cuales datan de mediados y finales del siglo XIX. De apariencia análoga, estas estructuras presentan formas simples y cuadrangulares y fueron construidas mediante materias primas locales. Sus paredes, por ejemplo, son de mampuestos de adobes dispuestos sobre una base de lajas y esquistos. Los techos, en un principio de paja atada, descansan sobre vigas de maderas. Mientras que un corredor techado que se levanta sobre horcones, comunica las viviendas a un patio exterior. Estas casitas se vinculan a corrales y pircados para el manejo de ganado y el cuidado de las pasturas, siendo funcionales en la actualidad.