La Gestión Comunitaria del Riesgo (GCR) parte de la premisa de que los escenarios de riesgo y los desastres están intrínsecamente ligados a las condiciones sociales, políticas, económicas y ambientales de cada comunidad. El riesgo es una construcción social, inseparable de las dinámicas territoriales. Por ende, la comunidad y los actores locales deben ser partícipes activos en su reducción y manejo.
La GCR, desde una dimensión ético-política, se centra en la participación social en los procesos de intervención. Gestionar el riesgo eficazmente implica conocer las realidades y estrategias cotidianas de las personas y comunidades afectadas.
Cada territorio se habita de diversas formas, tejiendo una red de relaciones entre las personas y el espacio, cargada de significados simbólicos, sociales y materiales. Reconocer la importancia de involucrar a las comunidades como protagonistas en la gestión del riesgo permite construir una gestión práctica, sostenida y permanente. Fomentar la participación activa e integrar la diversidad de voces en la toma de decisiones y la implementación de estrategias fortalece las capacidades de resistencia y promueve un desarrollo sostenible.