Al nacer, el globo ocular cuenta con todas sus estructuras anatómicamente formadas, tanto para los recién nacidos a término (RNT) como para los prematuros (RNP). Sin embargo, durante el desarrollo posterior, se producen cambios en el tamaño de la longitud axial, en el poder dióptrico de la Córnea y el Cristalino, en la reorganización celular de la Retina y en el Cuerpo Geniculado Lateral (CGL), como así también en la mielinización de las vías nerviosas. Estos procesos suceden por la oxigenación de los tejidos y la estimulación visual de diversos factores provenientes del medio ambiente extrauterino que tendrán una acción sobre las reacciones sensoriales y neuromotoras oculares, permitiendo el completo desarrollo del sistema visual. (Gil del Río, 1977).
El desarrollo anatómico del sistema visual dependerá en gran parte de su desarrollo funcional, que será efectivo si no existen obstáculos en la sincronización de ambas retinas. Para lograr esto, es esencial que factores como la refracción ocular, la acomodación y otros se desarrollen de manera adecuada y coordinada. Cualquier alteración o mal funcionamiento en alguno de estos aspectos puede alterar o impedir el desarrollo global del sistema visual.(Dr. López Alemany, 2005).
A lo largo de este capítulo iremos describiendo los principales cambios que experimenta la vía visual con el objetivo de evidenciar como cada uno de sus componentes contribuye a la maduración y al funcionamiento del sistema visual.