Para poder ver nítidamente, los rayos de luz deben enfocar en la retina (mientras se encuentra la acomodación relajada), proceso que se cumple siempre y cuando exista una buena correlación principalmente entre el largo axial del globo ocular, la curvatura corneal y el poder del cristalino.
Cuando esto se produce decimos que el ojo es emétrope y la refracción total del ojo es cero. Los niños, por lo general, nacen con una hipermetropía fisiológica cercana a las +3,00 D y, mediante el proceso de emetropización –proceso en el que las estructuras del ojo cambian gradualmente su tamaño hasta llegar a la de un ojo adulto en los primeros 5 años de vida (ver capítulo 3)–, tienden a la emetropía (López A, 2010). Existen casos en los que ese crecimiento gradual del globo ocular se detiene, dejando un largo axial más pequeño que la media (24 mm) y, por ende, el estado refractivo total del ojo tiende a ser hipermétrope. En otros casos, puede darse un sobrecrecimiento del largo axial, dejando un ojo miope.