El trabajo persigue ponderar de qué forma las alianzas anunciadas están dirigidas a reinsertar internacionalmente a nuestro país, al menos, en el contexto subregional. De este modo, procura detectar la preeminencia del cambio o la continuidad en la política exterior en cada uno de estos vínculos y evalúa la coherencia entre el discurso y las acciones implementadas para sostenerlos.
Para ello, parte de la siguiente hipótesis: “Teniendo en cuenta las alianzas estratégicas acordadas por Kirchner a principios de 2006, en la práctica fueron priorizados los vínculos con Bolivia y Venezuela -y no con Chile y Brasil- para ganar posiciones y lograr cierto equilibrio de poder a nivel subregional”. Un factor interno determinante habría repercutido en este movimiento: la crisis energética. Asimismo, el análisis vislumbra que estas acciones no restan a una política de inserción con Estados Unidos, quedando así enmarcada la relación con la potencia hegemónica en una “autonomía heterodoxa” según la definición de Juan Carlos Puig.