Los últimos doce años significaron mucho más que la reversión de los indicadores que señalaban la inmensidad de la crisis socioeconómica que estalló en 2001: implicaron la reposición de las condiciones y herramientas necesarias para construir un país en serio, con los ladrillos imprescindibles de nuestro desarrollo, desde YPF hasta las políticas de inclusión. ¿Sus detractores? Los mismos que desde 1976 se dedican, sistemáticamente, a voltear la pared.