La aceleración de la llamada «inteligencia artificial» (IA), esto es, el aprendizaje automático de redes enfocado a funciones específicas, su difusión y adopción, muchas veces experimental, en diferentes modelos de negocios, con el consiguiente impacto en la vida cotidiana de las personas, generó una esperable ampliación de las expectativas en donde conviven esperanzas, temores e incertidumbres. Este ensayo no pretende otra cosa que participar de este debate desde un campo de interés específico: los estudios sobre el desarrollo del capitalismo. Más precisamente, desde la concepción inmanentista del capital como la evolución de un exoesqueleto humano compuesto de utillaje y estructuras que, al valorizarse y acumularse, se autonomiza y subsume a su entorno (el trabajo y la creatividad humana, los recursos naturales) hasta potencialmente abarcar la totalidad del planeta. La hipótesis de este ensayo es que el aprendizaje maquínico corresponde un nuevo estadio en la constitución de este capital planetario. Para ello me detendré en tres aspectos de su desarrollo: su origen cibernético, su lugar en el desarrollo capitalista y el desafío que plantea para la gobernanza humana.