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<title>Volumen 04 | Número 25-30</title>
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<updated>2026-09-10T01:00:39Z</updated>
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<title>Los géneros de los Bulimulinae argentinos</title>
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<name>Parodiz, Juan José</name>
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<updated>2022-10-22T04:02:56Z</updated>
<published>1946-01-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Revista del Museo de La Plata (Nueva Serie); tomo IV, no. 30, sección Zoología
Los diversos sistemas de clasificación propuestos para los «Bulimuli» sudamericanos, con sus repetidos cambios en la posición genérica y subgenérica de las especies y los diferentes criterios que se adoptaron para las agrupaciones, han variado tanto como el número de autores que trataron el tema, resultando de ello una gran confusión en el conocimiento sistermático de estos Pulmonados. Muchas de las categorías establecidas, no ofrecían caracteres bien netos y esenciales. Los sistemas, anteriores al que Pilsbry propuso y que fue modificando entre 1896 y 1902, demuestran estar basados en muy limitados materiales y sobre un escaso conocimiento de las áreas de su dispersión geográfica. Este punto de las divisiones genéricas, donde las relaciones no han sido bien aclaradas, contrasta con el de las identificaciones específicas, sobre las cuales, exceptuando algunas formas dudosas, raras o no ilustradas, existen descripciones prolijas y detalladas y una profusa bibliografía. La ambigüedad de los antiguos caracteres que se consignaban como concurrentes en un mismo género, fue suplantada por Pilsbry, por la consideración de la estructura prenatal de la protoconcha, lo que ha permitido diferenciar entidades más naturales. Estos caracteres nepiónicos habían pasado desapercibidos o fueron mal apreciados en los sistemas anteriores, a causa de sus microscópicas proporciones o por la destrucción del ápice en muchísimos especímenes, y también porque muchas veces en los especímenes muy adultos apenas quedan vestigios de ese carácter primitivo. En nuestro estudio hemos de dedicar especial atención a la estructura embrionaria de la conchilla, así como a la distribución geográfica, tratando de definir mejor muchos aspectos sistemáticos hasta ahora obscuros. No es nuestro propósito alcanzar una determinación definitiva acerca de la sistemática y zoogeografía de nuestros Bulimulinae, sino más bien intentar una amplia reconsideración de los conocimientos acumulados sobre este asunto, para rectificarlos o aumentarlos en base al estudio de las amplias colecciones de que disponemos y que incluyen parte de los especímenes «typus».
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<dc:date>1946-01-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Los diversos sistemas de clasificación propuestos para los «Bulimuli» sudamericanos, con sus repetidos cambios en la posición genérica y subgenérica de las especies y los diferentes criterios que se adoptaron para las agrupaciones, han variado tanto como el número de autores que trataron el tema, resultando de ello una gran confusión en el conocimiento sistermático de estos Pulmonados. Muchas de las categorías establecidas, no ofrecían caracteres bien netos y esenciales. Los sistemas, anteriores al que Pilsbry propuso y que fue modificando entre 1896 y 1902, demuestran estar basados en muy limitados materiales y sobre un escaso conocimiento de las áreas de su dispersión geográfica. Este punto de las divisiones genéricas, donde las relaciones no han sido bien aclaradas, contrasta con el de las identificaciones específicas, sobre las cuales, exceptuando algunas formas dudosas, raras o no ilustradas, existen descripciones prolijas y detalladas y una profusa bibliografía. La ambigüedad de los antiguos caracteres que se consignaban como concurrentes en un mismo género, fue suplantada por Pilsbry, por la consideración de la estructura prenatal de la protoconcha, lo que ha permitido diferenciar entidades más naturales. Estos caracteres nepiónicos habían pasado desapercibidos o fueron mal apreciados en los sistemas anteriores, a causa de sus microscópicas proporciones o por la destrucción del ápice en muchísimos especímenes, y también porque muchas veces en los especímenes muy adultos apenas quedan vestigios de ese carácter primitivo. En nuestro estudio hemos de dedicar especial atención a la estructura embrionaria de la conchilla, así como a la distribución geográfica, tratando de definir mejor muchos aspectos sistemáticos hasta ahora obscuros. No es nuestro propósito alcanzar una determinación definitiva acerca de la sistemática y zoogeografía de nuestros Bulimulinae, sino más bien intentar una amplia reconsideración de los conocimientos acumulados sobre este asunto, para rectificarlos o aumentarlos en base al estudio de las amplias colecciones de que disponemos y que incluyen parte de los especímenes «typus».</dc:description>
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<title>Arañas de Misiones, Corrientes y Entre Ríos</title>
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<name>Mello Leitão, Cándido de</name>
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<updated>2022-10-22T04:02:59Z</updated>
<published>1945-01-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Revista del Museo de La Plata (Nueva Serie); tomo IV, no. 29, sección Zoología
Con el viaje realizado a la región mesopotámica ha dado término el profesor doctor Max Birabén a una serie de sus excursiones científicas por todo el territorio de la Argentina. Nunca se ha efectuado en Sudamérica una exploración tan cuidadosa, con ese entusiasmo y ese tesón del infatigable zoólogo de La Plata, gira realizada por una sola persona y sin otro interés que el de hacer bien conocida la fauna de su país. Tuve el honor de poder estudiar las arañas por él colectadas en sus sucesivos viajes o por los espontáneos colaboradores, contagiados de su entusiasmo, entre los cuales es un deber de justicia destacar a Jorge W. Abalos (en Santiago del Estero), Alberto F. Prosen (en la provincia de Buenos Aires) y a Carlos Zenzes (en Misiones).&#13;
En este trabajo se estudian las Araneomorfas colectadas por el profesor Birabén durante el viaje que efectuara a fines de 1941 y las que recibí por su intermedio, obtenidas en Puerto Victoria (Misiones) por el ingeniero C. Zenzes; en Pindapoy (Misiones), por los Padres Albino Bridarolli, S. J. y Gregorio Williner, S. J.; por el señor Tomás de Apóstol en Mburucuyá y Manantiales (Corrientes); por la señora Mera v. Bülow, en El Dorado y Puerto Iguazú (Misiones) y por el doctor Juan José Boero en Rosario Tala (Entre Ríos). La parte ilustrada ha estado a cargo de la señora Mera v. Bülow, por cuya eficiente tarea debo testimoniarle mi reconocimiento.
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<dc:date>1945-01-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Con el viaje realizado a la región mesopotámica ha dado término el profesor doctor Max Birabén a una serie de sus excursiones científicas por todo el territorio de la Argentina. Nunca se ha efectuado en Sudamérica una exploración tan cuidadosa, con ese entusiasmo y ese tesón del infatigable zoólogo de La Plata, gira realizada por una sola persona y sin otro interés que el de hacer bien conocida la fauna de su país. Tuve el honor de poder estudiar las arañas por él colectadas en sus sucesivos viajes o por los espontáneos colaboradores, contagiados de su entusiasmo, entre los cuales es un deber de justicia destacar a Jorge W. Abalos (en Santiago del Estero), Alberto F. Prosen (en la provincia de Buenos Aires) y a Carlos Zenzes (en Misiones).&#13;
En este trabajo se estudian las Araneomorfas colectadas por el profesor Birabén durante el viaje que efectuara a fines de 1941 y las que recibí por su intermedio, obtenidas en Puerto Victoria (Misiones) por el ingeniero C. Zenzes; en Pindapoy (Misiones), por los Padres Albino Bridarolli, S. J. y Gregorio Williner, S. J.; por el señor Tomás de Apóstol en Mburucuyá y Manantiales (Corrientes); por la señora Mera v. Bülow, en El Dorado y Puerto Iguazú (Misiones) y por el doctor Juan José Boero en Rosario Tala (Entre Ríos). La parte ilustrada ha estado a cargo de la señora Mera v. Bülow, por cuya eficiente tarea debo testimoniarle mi reconocimiento.</dc:description>
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<title>Faunula malacológica de Tilcara</title>
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<author>
<name>Hylton Scott, María Isabel</name>
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<updated>2022-10-22T04:03:00Z</updated>
<published>1945-01-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Revista del Museo de La Plata (Nueva Serie); tomo IV, no. 28, sección Zoología
En el viaje realizado durante el mes de febrero de 1944, en compañía del doctor Max Birabén, a la Quebrada de Humahuaca, hemos llevado a cabo la más prolija búsqueda de moluscos, siendo nuestro propósito informarnos sobre la propagación de las formas fluviátiles y terrestres a lo largo de la misma. Debemos destacar que ésta quebrada, abierta al curso del Río Grande de Jujuy, ofrece al biólogo una sucesión de ambientes que raramente suelen darse y la oportunidad de recoger datos preciosos sobre cuestiones que, como la mencionada, se relacionan o dependen de aquéllas. Interesa señalar por ello, las características fisiográficas de la Quebrada, a las que se ajusta su vegetación y de donde resultan las circunstancias ambientales que condicionan la vida animal. Abierta de sur a norte, se inicia en la zona del bosque subtropical jujeño y a algunos centenares de metros de altitud y desde allí el piso del valle sube gradualmente hasta sobrepasar los tres mil metros de altitud, al llegar al altiplano. En su recorrido de muchos kilómetros, el valle se encajona por trechos quedando amurallado por cordones serranos de pendientes abruptas que lo aislan del contorno y le otorgan características propias. La vegetación, lujuriosa hasta Yala y León, pierde ese carácter al adentrarse en la Quebrada; se ralean los árboles y termina el monte, luce por un trecho el verdor de los gramillales hasta que los cardones se enseñorean en los despeñaderos y presiden los panoramas ásperos de tierras desnudas. Pero en los faldeos y quebraditas los manantiales conservan islotes de vegetación, que marcan los sitios con permanente humedad y en los bajos ribereños de los ensanches del valle donde el cauce se explaya, prosperan pequeñas quintas y otros cultivos, como se ven en Tilcara y Humahuaca. Es que en el desarrollo de esta vía natural hay una gran variedad de ambientes a los que deben acomodarse las formas vivas.
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<dc:date>1945-01-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>En el viaje realizado durante el mes de febrero de 1944, en compañía del doctor Max Birabén, a la Quebrada de Humahuaca, hemos llevado a cabo la más prolija búsqueda de moluscos, siendo nuestro propósito informarnos sobre la propagación de las formas fluviátiles y terrestres a lo largo de la misma. Debemos destacar que ésta quebrada, abierta al curso del Río Grande de Jujuy, ofrece al biólogo una sucesión de ambientes que raramente suelen darse y la oportunidad de recoger datos preciosos sobre cuestiones que, como la mencionada, se relacionan o dependen de aquéllas. Interesa señalar por ello, las características fisiográficas de la Quebrada, a las que se ajusta su vegetación y de donde resultan las circunstancias ambientales que condicionan la vida animal. Abierta de sur a norte, se inicia en la zona del bosque subtropical jujeño y a algunos centenares de metros de altitud y desde allí el piso del valle sube gradualmente hasta sobrepasar los tres mil metros de altitud, al llegar al altiplano. En su recorrido de muchos kilómetros, el valle se encajona por trechos quedando amurallado por cordones serranos de pendientes abruptas que lo aislan del contorno y le otorgan características propias. La vegetación, lujuriosa hasta Yala y León, pierde ese carácter al adentrarse en la Quebrada; se ralean los árboles y termina el monte, luce por un trecho el verdor de los gramillales hasta que los cardones se enseñorean en los despeñaderos y presiden los panoramas ásperos de tierras desnudas. Pero en los faldeos y quebraditas los manantiales conservan islotes de vegetación, que marcan los sitios con permanente humedad y en los bajos ribereños de los ensanches del valle donde el cauce se explaya, prosperan pequeñas quintas y otros cultivos, como se ven en Tilcara y Humahuaca. Es que en el desarrollo de esta vía natural hay una gran variedad de ambientes a los que deben acomodarse las formas vivas.</dc:description>
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<title>Hirudíneos del Museo de La Plata</title>
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<author>
<name>Ringuelet, Raúl Adolfo</name>
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<updated>2022-10-22T04:03:02Z</updated>
<published>1945-01-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Revista del Museo de La Plata (Nueva Serie); tomo IV, no. 26, sección Zoología
Tengo ahora la oportunidad de publicar las conclusiones relativas a los hirudíneos depositados en el Museo de La Plata, por cuyo motivo agradezco al Jefe del Departamento Zoología (Invertebrados) de ese Instituto, doctor Max Birabén, quien me ha confiado su estudio. Es una colección exclusivamente argentina, en la que están representadas 19 especies (hasta ahora eran 28 las de nuestra hirudofauna), con 5o números de catálogo, de acuerdo a la ordenación y clasificación que he efectuado. En gran mayoría las sanguijuelas fueron recogidas por el doctor Max Birabén en el curso de sus excursiones o expediciones, y lo que es muy interesante, muchas veces en lugares alejados de las localidades citadas en la dispersión geográfica de nuestros hirudíneos. De esta manera, la zoogeografía de esta clase de anélidos, en lo que se refiere a las especies argentinas, se ha visto bastante enriquecida. Con el objeto de evitar una innecesaria extensión al presente trabajo, no anoto sinonimias ni bibliografías, concretándome a mencionar las publicaciones del autor donde figuran las de todas las especies tratadas. La lista bibliográfica final no incluye sino las obras mencionadas en el texto. En cuanto a las figuras, conviene aclarar que los números romanos indican los somitos o segmentos, y los arábigos con sus exponentes a los anillos, siguiendo con esta notación empleada en todas mis publicaciones anteriores y en esta misma, el sistema tan eficaz de J. Percy Moore, muy valioso para la claridad y fijeza de las diagnosis y descripciones.
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<dc:date>1945-01-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Tengo ahora la oportunidad de publicar las conclusiones relativas a los hirudíneos depositados en el Museo de La Plata, por cuyo motivo agradezco al Jefe del Departamento Zoología (Invertebrados) de ese Instituto, doctor Max Birabén, quien me ha confiado su estudio. Es una colección exclusivamente argentina, en la que están representadas 19 especies (hasta ahora eran 28 las de nuestra hirudofauna), con 5o números de catálogo, de acuerdo a la ordenación y clasificación que he efectuado. En gran mayoría las sanguijuelas fueron recogidas por el doctor Max Birabén en el curso de sus excursiones o expediciones, y lo que es muy interesante, muchas veces en lugares alejados de las localidades citadas en la dispersión geográfica de nuestros hirudíneos. De esta manera, la zoogeografía de esta clase de anélidos, en lo que se refiere a las especies argentinas, se ha visto bastante enriquecida. Con el objeto de evitar una innecesaria extensión al presente trabajo, no anoto sinonimias ni bibliografías, concretándome a mencionar las publicaciones del autor donde figuran las de todas las especies tratadas. La lista bibliográfica final no incluye sino las obras mencionadas en el texto. En cuanto a las figuras, conviene aclarar que los números romanos indican los somitos o segmentos, y los arábigos con sus exponentes a los anillos, siguiendo con esta notación empleada en todas mis publicaciones anteriores y en esta misma, el sistema tan eficaz de J. Percy Moore, muy valioso para la claridad y fijeza de las diagnosis y descripciones.</dc:description>
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<title>Revisión de los Hirudíneos argentinos de los géneros Helobdella R. Bl., Batracobdella Vig., Cylicobdella Gr. y Semiscolex Kinb.</title>
<link href="http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/144328" rel="alternate"/>
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<name>Ringuelet, Raúl Adolfo</name>
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<updated>2022-10-22T04:03:04Z</updated>
<published>1944-01-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Revista del Museo de La Plata (Nueva Serie); tomo IV, no. 25, sección Zoología
Hace poco tiempo me referí a las especies argentinas del género Oxyptychus Gr., una de las cuales es utilizada como sanguijuela medicinal, y dí a conocer las verdaderas características de la especie más común del género Helobdella R. Bl., además de una extensa sinopsis de las sanguijuelas de la Argentina y países vecinos. Con este trabajo completo en parte el estudio de nuestra Hirudofauna, pues quedarían por tratar el género Theromyzon Phil. (1 spp.) y el género Haementeria de Filippi (2 spp.), entre los Glossifónidos, y los representantes de la familia Piscicolidae, parásitos de peces (hasta ahora 3 spp. citadas). Como todas ellas son suficientemente conocidas y no queda ninguna dudosa, se puede decir que hemos llegado a un conocimiento bastante satisfactorio de las sanguijuelas argentinas. Es muy verosímil que haya bastante por descubrir todavía, pero afortunadamente las 28 especies citadas para nuestro país están ahora estudiadas con algún detenimiento. Será una labor futura —en la que estoy empeñado— conocer con mayor profundidad varias sanguijuelas cuya morfología interna se ignora, aclarar y ampliar detalles de otras, lo mismo que coleccionar en extensas regiones de las que no se ha recogido ni una sola muestra, aparte de la posible incorporación a nuestra Hirudofauna de especies limítrofes y de Piscicólidos (o Ictiobdélidos) que con toda seguridad están mejor representados de lo que hasta ahora se sabe.
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<dc:date>1944-01-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Hace poco tiempo me referí a las especies argentinas del género Oxyptychus Gr., una de las cuales es utilizada como sanguijuela medicinal, y dí a conocer las verdaderas características de la especie más común del género Helobdella R. Bl., además de una extensa sinopsis de las sanguijuelas de la Argentina y países vecinos. Con este trabajo completo en parte el estudio de nuestra Hirudofauna, pues quedarían por tratar el género Theromyzon Phil. (1 spp.) y el género Haementeria de Filippi (2 spp.), entre los Glossifónidos, y los representantes de la familia Piscicolidae, parásitos de peces (hasta ahora 3 spp. citadas). Como todas ellas son suficientemente conocidas y no queda ninguna dudosa, se puede decir que hemos llegado a un conocimiento bastante satisfactorio de las sanguijuelas argentinas. Es muy verosímil que haya bastante por descubrir todavía, pero afortunadamente las 28 especies citadas para nuestro país están ahora estudiadas con algún detenimiento. Será una labor futura —en la que estoy empeñado— conocer con mayor profundidad varias sanguijuelas cuya morfología interna se ignora, aclarar y ampliar detalles de otras, lo mismo que coleccionar en extensas regiones de las que no se ha recogido ni una sola muestra, aparte de la posible incorporación a nuestra Hirudofauna de especies limítrofes y de Piscicólidos (o Ictiobdélidos) que con toda seguridad están mejor representados de lo que hasta ahora se sabe.</dc:description>
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<title>Observaciones sobre las especies de truchas criollas</title>
<link href="http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/51210" rel="alternate"/>
<author>
<name>Mac Donagh, Emiliano José</name>
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<name>Thormählen de Gil, Ana Luisa</name>
</author>
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<updated>2022-10-21T18:23:03Z</updated>
<published>1945-01-01T00:00:00Z</published>
<summary type="text">Articulo
Revista del Museo de La Plata (nueva serie); tomo IV, no. 27, sección Zoología
Los peces que hoy llamamos «truchas criollas» fueron llamados «percas» por los españoles de la Conquista y la Colonia; era un nombre más apropiado, como lo revela el que hasta mediados del siglo pasado se los incluía en el género sistemático Perca, y su género actual, Percichthys, toma su nombre de aquél. Como se sabe, no son peces salmónidos ni pércidos, sino serránidos. Esta familia tan difundida en el mundo, representada en nuestros mares por varios géneros y especies de «meros», tiene en el centro y sur de nuestro país y de Chile varias especies de agua dulce, constituyendo una excepción a su hábito marino. Esta invasión o «colonización» por parte de una familia marina, es paralela a la de los Esquiénidos (géneros Pachyurus, Plagioscion, por ejemplo); los Aterínidos (géneros Austromenidia, Odonthestes, y otros); los lenguados Achirus; y fue señalada como característica de la fauna de peces sudamericana de las aguas interiores y utilizada para*base de teorías sobre su origen. Las «percas», o «truchas criollas» en la Argentina viven en las aguas patagónicas, y si bien Smitt no la cita de Tierra del Fuego, sí lo hace Perugia; del lado atlántico su límite norte es primero el río Colorado, desde su desembocadura hasta el Curacó, por éste al Salado, al Desaguadero, las lagunas de Guanacache y, finalmente, el río San Juan.
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<dc:date>1945-01-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Los peces que hoy llamamos «truchas criollas» fueron llamados «percas» por los españoles de la Conquista y la Colonia; era un nombre más apropiado, como lo revela el que hasta mediados del siglo pasado se los incluía en el género sistemático Perca, y su género actual, Percichthys, toma su nombre de aquél. Como se sabe, no son peces salmónidos ni pércidos, sino serránidos. Esta familia tan difundida en el mundo, representada en nuestros mares por varios géneros y especies de «meros», tiene en el centro y sur de nuestro país y de Chile varias especies de agua dulce, constituyendo una excepción a su hábito marino. Esta invasión o «colonización» por parte de una familia marina, es paralela a la de los Esquiénidos (géneros Pachyurus, Plagioscion, por ejemplo); los Aterínidos (géneros Austromenidia, Odonthestes, y otros); los lenguados Achirus; y fue señalada como característica de la fauna de peces sudamericana de las aguas interiores y utilizada para*base de teorías sobre su origen. Las «percas», o «truchas criollas» en la Argentina viven en las aguas patagónicas, y si bien Smitt no la cita de Tierra del Fuego, sí lo hace Perugia; del lado atlántico su límite norte es primero el río Colorado, desde su desembocadura hasta el Curacó, por éste al Salado, al Desaguadero, las lagunas de Guanacache y, finalmente, el río San Juan.</dc:description>
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