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<title>Volumen 03 | Número 15-19</title>
<link>http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/66653</link>
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<pubDate>Sun, 01 Nov 2026 13:29:23 GMT</pubDate>
<dc:date>2026-11-01T13:29:23Z</dc:date>
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<title>Revisión de los didélfidos fósiles argentinos</title>
<link>http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/200759</link>
<description>Articulo
Revista del Museo de La Plata (nueva serie); vol. 3, no. 19, sección Paleontología
De los didélfidos extinguidos de la Argentina se han ocupado varios paleontólogos nacionales y extranjeros. Entre nosotros especialmente Ameghino (1 a 12), que describiera muchos géneros y especies; y de una u otra manera los siguientes autores se han ocupado de la mencionada familia: Burmeister (3), Cabrera (12), Frenguelli (16), Kraglievich (19), Patterson y Riggs (20 y 21), Rovereto (22), Rusconi (23), Simpson (25, 26, 28, 29 Y 30) y Sinclair (31). Uno de los citados, Simpson (30), plantea claramente el problema de la antigüedad de origen de esta familia y de los marsupiales en general en América Austral. Siendo los didélfidos más antiguos de Norte y Sud América de edad Eocena, el problema planteado sobre su lugar de origen, no puede ser solucionado por el momento, y en este trabajo no aportamos argumentos nuevos. Los primeros representantes en la Argentina, pertenecen a la subfamilia Microbiotherinae, a la que corresponden las formas hasta el Santacrucense inclusive, aunque se extinguen; pero la familia sigue representada por la sub-familia Didelphyinae que desde el Hermosense sigue hasta nuestros días. Así es que con certeza, podemos decir que en la Argentina hay didélfidos desde el Casamayorense hasta la actualidad sin interrupción, aunque sus miembros no pertenezcan en todos los casos a la misma subfamilia. Esta continuidad ha hecho pensar a algunos autores que los microbioterinos eran antecesores de los didélfidos, pero aunque las semejanzas son muchas, no justifican un parentesco tan directo.
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<pubDate>Thu, 01 Jan 1953 00:00:00 GMT</pubDate>
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<dc:date>1953-01-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>De los didélfidos extinguidos de la Argentina se han ocupado varios paleontólogos nacionales y extranjeros. Entre nosotros especialmente Ameghino (1 a 12), que describiera muchos géneros y especies; y de una u otra manera los siguientes autores se han ocupado de la mencionada familia: Burmeister (3), Cabrera (12), Frenguelli (16), Kraglievich (19), Patterson y Riggs (20 y 21), Rovereto (22), Rusconi (23), Simpson (25, 26, 28, 29 Y 30) y Sinclair (31). Uno de los citados, Simpson (30), plantea claramente el problema de la antigüedad de origen de esta familia y de los marsupiales en general en América Austral. Siendo los didélfidos más antiguos de Norte y Sud América de edad Eocena, el problema planteado sobre su lugar de origen, no puede ser solucionado por el momento, y en este trabajo no aportamos argumentos nuevos. Los primeros representantes en la Argentina, pertenecen a la subfamilia Microbiotherinae, a la que corresponden las formas hasta el Santacrucense inclusive, aunque se extinguen; pero la familia sigue representada por la sub-familia Didelphyinae que desde el Hermosense sigue hasta nuestros días. Así es que con certeza, podemos decir que en la Argentina hay didélfidos desde el Casamayorense hasta la actualidad sin interrupción, aunque sus miembros no pertenezcan en todos los casos a la misma subfamilia. Esta continuidad ha hecho pensar a algunos autores que los microbioterinos eran antecesores de los didélfidos, pero aunque las semejanzas son muchas, no justifican un parentesco tan directo.</dc:description>
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<title>Braquiópodos y pelecípodos carboníferos en la provincia de La Rioja (Argentina)</title>
<link>http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/200754</link>
<description>Articulo
Revista del Museo de La Plata (nueva serie); vol. 3, no. 18
Hasta 1943, el conocimiento de las faunas marinas del Carbonífero argentino giraba en torno de los fósiles de las localidades de Barreal y Leoncito (distantes entre sí unos 25 kilómetros) en la provincia de San Juan y los de la Sierra Baya, en la provincia de Buenos Aires. Desde aquella fecha, de acuerdo con el ritmo creciente que, en nuestro ambiente, están adquiriendo las investigaciones geológicas y paleontológicas, se han multiplicado los hallazgos de fósiles marinos del Paleozoico superior y su estudio ha permitido ampliar lo poco que se sabía sobre estas faunas, suministrando, además, importantes datos para averiguar la extensión regional de los sedimentos marinos del Antracolítico inferior. La serie de hallazgos comenzó con el efectuado por el doctor Leidhold en la zona de la cordillera del Viento, cerca del distrito minero de Andacollo, en el norte del territorio de Neuquén, donde el colega mencionado encontró fósiles que, en mi opinión, podrían corresponder al género Syringothyris Winchell (cf. Leanza, Braquiópodos Carboníferos, 1945, p. 305); siguió con el descubrimiento realizado por el doctor Dessanti en la región cruzada por el arroyo Imperial (Sierra Pintada, provincia de Mendoza); luego continuó con el efectuado por el doctor Frenguelli en la Quebrada de la Herradura, al norte de Jachal, en la parte septentrional de la provincia de San Juan, y ahora culmina con el hallazgo de la fauna que describiré en el presente trabajo y que procede de una localidad situada en el norte de la provincia de La Rioja.
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<pubDate>Thu, 01 Jan 1948 00:00:00 GMT</pubDate>
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<dc:date>1948-01-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Hasta 1943, el conocimiento de las faunas marinas del Carbonífero argentino giraba en torno de los fósiles de las localidades de Barreal y Leoncito (distantes entre sí unos 25 kilómetros) en la provincia de San Juan y los de la Sierra Baya, en la provincia de Buenos Aires. Desde aquella fecha, de acuerdo con el ritmo creciente que, en nuestro ambiente, están adquiriendo las investigaciones geológicas y paleontológicas, se han multiplicado los hallazgos de fósiles marinos del Paleozoico superior y su estudio ha permitido ampliar lo poco que se sabía sobre estas faunas, suministrando, además, importantes datos para averiguar la extensión regional de los sedimentos marinos del Antracolítico inferior. La serie de hallazgos comenzó con el efectuado por el doctor Leidhold en la zona de la cordillera del Viento, cerca del distrito minero de Andacollo, en el norte del territorio de Neuquén, donde el colega mencionado encontró fósiles que, en mi opinión, podrían corresponder al género Syringothyris Winchell (cf. Leanza, Braquiópodos Carboníferos, 1945, p. 305); siguió con el descubrimiento realizado por el doctor Dessanti en la región cruzada por el arroyo Imperial (Sierra Pintada, provincia de Mendoza); luego continuó con el efectuado por el doctor Frenguelli en la Quebrada de la Herradura, al norte de Jachal, en la parte septentrional de la provincia de San Juan, y ahora culmina con el hallazgo de la fauna que describiré en el presente trabajo y que procede de una localidad situada en el norte de la provincia de La Rioja.</dc:description>
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<title>El Cámbrico medio de Mendoza</title>
<link>http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/200750</link>
<description>Articulo
Revista del Museo de La Plata (nueva serie); vol. 3, no. 17, sección Paleontología
Desde el último cuarto del siglo pasado se conocía la existencia de rocas calcáreas (calizas semicristalinas a veces dolomíticas, generalmente de color gris oscuro) en la Precordillera argentina. En varios lugares, estas calizas suministraron restos fósiles que fueron atribuidos, en su totalidad, al Ordovícico medio-superior, hasta hace poco más de tres años atrás. En 1943, Harrington y quien escribe, tuvieron la oportunidad de examinar los fósiles de la Quebrada de Juan Pobre y de La Laja, en la Sierra Chica de Zonda, San Juan, llegando a la inesperada conclusión de que, contrariamente a lo que se aceptaba, la fáunula de estas dos localidades pertenecía al Cámbrico medio (Harrington y Leanza, 1913). En este trabajo se ofreció, además, un resumen de nuestros conocimientos acerca del Cámbricofo silífero de la Argentina. De esta manera, en el espesor de las llamadas calizas ordovícicas, hemos llegado a distinguir, por lo menos, dos faunas diferentes sin que aparentemente difieran en su constitución petrográfica las calizas que respectivamente las contienen. La más antigua de ellas está integrada especialmente por restos de Trilobites (Amecephalina, Eteraspis, Ehmannia y los géneros Zacanthoides, Kootenia, Amecephalus y Clavaspidella que serán tratados en el presente artículo). La segunda fauna, además de los restos de Trilobites siempre más escasos que los que se encuentran en la primera, corresponde, en cambio, al Ordovícico medio-superior. Entre sus elementos más conspicuos, y que son de suma utilidad para individualizarla, pueden citarse los restos de gastrópodos del género Maclurites y braquiópodos del género Orthis s. str.
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<pubDate>Wed, 01 Jan 1947 00:00:00 GMT</pubDate>
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<dc:date>1947-01-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>Desde el último cuarto del siglo pasado se conocía la existencia de rocas calcáreas (calizas semicristalinas a veces dolomíticas, generalmente de color gris oscuro) en la Precordillera argentina. En varios lugares, estas calizas suministraron restos fósiles que fueron atribuidos, en su totalidad, al Ordovícico medio-superior, hasta hace poco más de tres años atrás. En 1943, Harrington y quien escribe, tuvieron la oportunidad de examinar los fósiles de la Quebrada de Juan Pobre y de La Laja, en la Sierra Chica de Zonda, San Juan, llegando a la inesperada conclusión de que, contrariamente a lo que se aceptaba, la fáunula de estas dos localidades pertenecía al Cámbrico medio (Harrington y Leanza, 1913). En este trabajo se ofreció, además, un resumen de nuestros conocimientos acerca del Cámbricofo silífero de la Argentina. De esta manera, en el espesor de las llamadas calizas ordovícicas, hemos llegado a distinguir, por lo menos, dos faunas diferentes sin que aparentemente difieran en su constitución petrográfica las calizas que respectivamente las contienen. La más antigua de ellas está integrada especialmente por restos de Trilobites (Amecephalina, Eteraspis, Ehmannia y los géneros Zacanthoides, Kootenia, Amecephalus y Clavaspidella que serán tratados en el presente artículo). La segunda fauna, además de los restos de Trilobites siempre más escasos que los que se encuentran en la primera, corresponde, en cambio, al Ordovícico medio-superior. Entre sus elementos más conspicuos, y que son de suma utilidad para individualizarla, pueden citarse los restos de gastrópodos del género Maclurites y braquiópodos del género Orthis s. str.</dc:description>
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<title>XIX contribución al conocimiento de las diatomeas argentinas: Las diatomeas del Platense</title>
<link>http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/144426</link>
<description>Articulo
Revista del Museo de La Plata (nueva serie); tomo III, no. 16, sección Paleontología
En la síntesis que acaba de publicarse en la sección geológica de esta Revista he tratado ya de concretar las principales características del horizonte de nuestra serie loéssica que, desde Doering (1882) y Ameghino(1889), se conoce con el nombre de Platense. He recalcado allí, como introducción al presente trabajo, la importancia que, dentro de este pisoestratigráfico, adquieren los frústulos de las Diatomeas como elemento geológico y petrográfico. Por lo tanto, me concretaré a considerar las Diatomeas que le son propias, principalmente desde el punto de vista paleontológico. Los antecedentes que podrían recordarse al respecto son realmente pocos. Exceptuando las diferentes menciones y las breves listas de formas diatómicas platenses publicadas por mí en diversos trabajos de carácter estratigráfico y a los cuales ya me he referido en la parte geológica de este estudio, sólo se publicaron al respecto pocas noticias en forma general y vaga. Burmeister, en su Descripción physique de la Republique Argentine, al examinar microscópicamente los sedimentos aluviales de los bordes del Río Salado del Sur, de un pozo en Barracas y de la margen del Río de la Plata, sólo dice que, además de los granos minerales que forman la masa principal, halló en la tosca algunos restos orgánicos que le parecieron «desenveloppes silicieuses des Diatomées et des petites aiguilles des Spongilles».
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<pubDate>Mon, 01 Jan 1945 00:00:00 GMT</pubDate>
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<dc:date>1945-01-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>En la síntesis que acaba de publicarse en la sección geológica de esta Revista he tratado ya de concretar las principales características del horizonte de nuestra serie loéssica que, desde Doering (1882) y Ameghino(1889), se conoce con el nombre de Platense. He recalcado allí, como introducción al presente trabajo, la importancia que, dentro de este pisoestratigráfico, adquieren los frústulos de las Diatomeas como elemento geológico y petrográfico. Por lo tanto, me concretaré a considerar las Diatomeas que le son propias, principalmente desde el punto de vista paleontológico. Los antecedentes que podrían recordarse al respecto son realmente pocos. Exceptuando las diferentes menciones y las breves listas de formas diatómicas platenses publicadas por mí en diversos trabajos de carácter estratigráfico y a los cuales ya me he referido en la parte geológica de este estudio, sólo se publicaron al respecto pocas noticias en forma general y vaga. Burmeister, en su Descripción physique de la Republique Argentine, al examinar microscópicamente los sedimentos aluviales de los bordes del Río Salado del Sur, de un pozo en Barracas y de la margen del Río de la Plata, sólo dice que, además de los granos minerales que forman la masa principal, halló en la tosca algunos restos orgánicos que le parecieron «desenveloppes silicieuses des Diatomées et des petites aiguilles des Spongilles».</dc:description>
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<title>Los gliptodontoideos del Araucaniano de Catamarca</title>
<link>http://sedici.unlp.edu.ar:80/handle/10915/144425</link>
<description>Articulo
Revista del Museo de La Plata (nueva serie); tomo III, no. 15, sección Paleontología
El presente trabajo es resultado del estudio del material de xenartros pliocenos de la superfamilia Glyptodontoidea obtenido en la provincia deCatamarca durante las expediciones llevadas a cabo en los años 1927 a1930 por el Departamento a mi cargo en el Museo de La Plata. Dichas expediciones fueron tres, que se realizaron en los meses de noviembre-diciembre de 1927, febrero-abril de 1929 y enero-marzo de 1930, y tuvieron por objeto el reconocimiento paleontológico de los estratos araucanianos del centro del departamento de Belén, si bien en los tres viajes, aparte de la gran cantidad de fósiles recogida, se obtuvieron también algunos materiales arqueológicos, y en el segundo se hicieron además recolecciones botánicas. La zona reconocida comprendió desde La Ciénaga hasta cerca de 6 kilómetros al norte de Corral Quemado, en una faja de 15 a 20 kilómetrosde anchura, lo que significa una extensión aproximada de 600 kilómetros cuadrados. La falta de comodidad para el alojamiento en las localidades enaquélla incluidas, obligó a adoptar constantemente el sistema de campamentos, los cuales se establecieron, en el primer viaje, en la Puertade Corral Quemado; en el segundo, en La Ciénaga, Las Juntas y Puerta de Corral Quemado, y en el tercero, en Corral Quemado y en la Loma Negra, entre el Cerro Colorado de Hualfín y el río San Fernando. Todos los trabajos de campo estuvieron bajo mi dirección personal, teniendo como auxiliares a los preparadores del Departamento señores Bernardo Eugui, en la primera expedición, y Antonio Castro en la segunda y tercera,y en las tres a don Juan Méndez, de Fuerte Quemado, quien además decooperar muy activamente en la extracción de fósiles, actuó como baqueano y como capataz del personal de peones y arrieros. La parte botánica del segundo viaje estuvo a cargo de mi hijo Ángel L. Cabrera, en aquel entonces alumno del Instituto del Museo. A los señores Castro y Eugui correspondió además la larga y tediosa tarea de limpiar v preparar en el taller del Departamento los fósiles obtenidos, poniéndolos en condiciones de ser estudiados.
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<pubDate>Sat, 01 Jan 1944 00:00:00 GMT</pubDate>
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<dc:date>1944-01-01T00:00:00Z</dc:date>
<dc:description>El presente trabajo es resultado del estudio del material de xenartros pliocenos de la superfamilia Glyptodontoidea obtenido en la provincia deCatamarca durante las expediciones llevadas a cabo en los años 1927 a1930 por el Departamento a mi cargo en el Museo de La Plata. Dichas expediciones fueron tres, que se realizaron en los meses de noviembre-diciembre de 1927, febrero-abril de 1929 y enero-marzo de 1930, y tuvieron por objeto el reconocimiento paleontológico de los estratos araucanianos del centro del departamento de Belén, si bien en los tres viajes, aparte de la gran cantidad de fósiles recogida, se obtuvieron también algunos materiales arqueológicos, y en el segundo se hicieron además recolecciones botánicas. La zona reconocida comprendió desde La Ciénaga hasta cerca de 6 kilómetros al norte de Corral Quemado, en una faja de 15 a 20 kilómetrosde anchura, lo que significa una extensión aproximada de 600 kilómetros cuadrados. La falta de comodidad para el alojamiento en las localidades enaquélla incluidas, obligó a adoptar constantemente el sistema de campamentos, los cuales se establecieron, en el primer viaje, en la Puertade Corral Quemado; en el segundo, en La Ciénaga, Las Juntas y Puerta de Corral Quemado, y en el tercero, en Corral Quemado y en la Loma Negra, entre el Cerro Colorado de Hualfín y el río San Fernando. Todos los trabajos de campo estuvieron bajo mi dirección personal, teniendo como auxiliares a los preparadores del Departamento señores Bernardo Eugui, en la primera expedición, y Antonio Castro en la segunda y tercera,y en las tres a don Juan Méndez, de Fuerte Quemado, quien además decooperar muy activamente en la extracción de fósiles, actuó como baqueano y como capataz del personal de peones y arrieros. La parte botánica del segundo viaje estuvo a cargo de mi hijo Ángel L. Cabrera, en aquel entonces alumno del Instituto del Museo. A los señores Castro y Eugui correspondió además la larga y tediosa tarea de limpiar v preparar en el taller del Departamento los fósiles obtenidos, poniéndolos en condiciones de ser estudiados.</dc:description>
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