La palabra "esencia" proviene del latín “essentia”, que a su vez tiene su origen en un vocablo griego. Ambos vocablos significan "ser". Habitualmente es empleada para indicar la parte fundamental o más importante de algo, lo que constituye su naturaleza y lo permanente e invariable de ella. Pero, además, es utilizada para referirse a compuestos de origen natural, presentes, por ejemplo, en plantas, en sus flores, hojas y frutos o de origen sintético, obtenidos en laboratorios químicos. Si bien en ambos casos, independientemente de su origen, son llamadas esencias, cuando provienen de fuentes naturales, lo correcto es llamarlas aceites esenciales o extractos naturales.
La diferencia entre estas dos últimas denominaciones, es la concentración de las sustancias aromáticas y los métodos de extracción. Los aceites esenciales, en general, se obtienen a través de la destilación por arrastre de vapor y los extractos, habitualmente, por maceración con solventes orgánicos.
Una vez obtenidas las esencias, sintéticas, aceites esenciales o extractos naturales, presentan diferentes propiedades, por ejemplo, medicinales, aromáticas, saborizantes y conservantes, que permiten utilizarlas, en terapias medicinales, en perfumería, en cosmética, en la cocina y en aromatizantes ambientales, entre otros usos.
Químicamente, son compuestos orgánicos, de estructuras complejas, responsables de los olores, aromas y fragancias que percibimos a través del olfato.
En el laboratorio del Museo de Química, trabajamos, principalmente, con esencias naturales y dentro de ellas con extractos naturales, como lo explicaremos en la parte práctica de este cuaderno.