El problema del exilio es una de las problemáticas más acuciantes de la filosofía. Pensarlo durante la última dictadura militar argentina implica todo un deshacerse-de preconcepciones clave: ¿qué margen de libertad tenían los exiliados? ¿Qué procedimientos necesitaban hacer para iniciar la diáspora? ¿A qué "condenas" se exponían si decidían regresar a Argentina? En una de las últimas entrevistas dadas por Foucault, "El sujeto y el poder", se hace eco de la noción de libertad. Trabajaremos con la genealogía de los poderes, y por tanto, de las libertades. Durante la última dictadura militar hubo ciertas "libertades" en los centros clandestinos de detención, torturas y exterminio. Entre ellas, las de la reír, enviar mensajes, acumular información, llegando incluso a la muerte, como último resquicio para la libertad. Pero también hubo otras formas de resistir al poder desaparecedor; entre ellas, el exilio. En este sentido, el exilio 'por opción' "se asentaba en el derecho de los presos a disposición del Poder Ejecutivo a 'elegir' entre cárcel o expulsión" pero "encubría un destierro porque determinaba el imposible retorno" (Jensen, 2004). Sin embargo, cabe preguntarse si el exilio (un afuera) constituía siempre una elección. En este caso también retomaremos a Foucault, quien trabaja al exilio/destierro en la Antigüedad como un castigo, peor incluso que la muerte. Indagaremos si aquí en Argentina el "exilio" era realmente una opción o si, en cambio, era otra de las formas que tenían los militares de torturar simbólicamente a los apátridas.