Se nos presenta hoy, en la comprensión social de la ciencia, un problema que, stricto sensu, no es privilegio de este tipo de estudios, sino una antigua pretensión del conjunto de las ciencias sociales: ¿cómo dar cuenta, al mismo tiempo, de los macro-procesos y de las prácticas observables a nivel micro, de modo que ambos niveles no aparezcan desvinculados entre sí? Y, por otro lado, ¿cómo vincular, desde una perspectiva histórica, el largo -o mediano- plazo y el acontecimiento?