En La tarea del crítico (2017) Walter Benjamin expresa que cuando finaliza una novela de un escritor como Stendhal, Flaubert, Dickens o Keller, tiene la sensación de estar “saliendo de una casa hacia el exterior”, y que, por muy profunda que hubiera sido la experiencia de lectura, continúa siendo él mismo, continúa sintiéndose “determinado de muy diversas maneras y con distintas intensidades, pero siempre como dentro de las proporciones del espacio que ocupa”, es decir, sin modificar su sustancia ni habiendo perdido el control de la conciencia.