El surgimiento de la bioética se produce en los Estados Unidos, durante los años 70, en el contexto de las importantes transformaciones sociales y tecno-científicas que habían comenzado emerger en las dos décadas anteriores(Post, 2004). Si bien, inicialmente, el concepto había sido propuesto en referencia a la necesidad de establecer un puente entre las humanidades y las tecno-ciencias —que diera cuenta del impacto de las nuevas tecnologías en la supervivencia del ecosistema en su conjunto— (Potter, 1971); pronto se limitaría su alcance a la ética de la práctica clínica. En este sentido, el campo de la bioética sería consolidado y difundido, a fines de la década del 70, a partir de los conocidos cuatro principios prima facie de la ética biomédica, propuestos por Beauchamp y Childress: respeto por la autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia (Beauchamp & Childress, 2013). Sin embargo, una década más tarde se produciría un momento de revisión crítica (Garrafa, 2005); contexto en el que emergería la denominada bioética feminista con el fin de analizar y revertir los sesgos androcéntricos que presentaba —y continúa presentando— el marco bioético predominante (Mahowald, 1996).