Históricamente en nuestro país, la educación ha desempeñado un rol fundamental tanto en procesos de integración mediante una prestación educativa universal e igualitaria como en la facilitación de la movilidad social. Los años '80, significaron, con el cambio de modelo de acumulación económico, la reversión de los procesos de integración social: descendió el PBI, decreció la inversión, y el ingreso medio urbano, aumentó la inflación, el endeudamiento externo y la desigual distribución de la riqueza. Como consecuencia se desarrolló una tendencia hacia el aumento de la desigualdad y la marginación social. A partir de los '90, Argentina vivió transformaciones y cambios estructurales, por efecto del modelo económico y político neoliberal (como en gran parte del mundo). La desregulación del mercado, la flexibilización, la privatización y su consecuencia, el achicamiento del Estado, llevaron a reducir el gasto público social, y fue disolviendo aún más la dimensión pública del Estado. Lo público se fue resignificando como ineficiente. La calidad y la equidad educativa se medían con parámetros mercantiles. Y en la escuela aumentaba la matrícula de población en riesgo de hijos cuyos padres habían sido expulsados del mercado laboral. La escuela reunió cuerpos pero no pudo construir lazos sociales. ¿Inclusión o contención?