La nueva escena francesa -y la europea en general, si se atiende al concepto de mundo globalizado difundido en las últimas décadas- presenta como rasgo característico la destrucción del género teatral canónico a través de la contaminación con otras formas expresivas, conformando de este modo un discurso híbrido cuya factma combina el despliegue corporal con las artes visuales, las musicales y efectos especiales de tecnología de avanzada. Por otra parte, la ficción se construye desde una subjetividad intencionalmente borrada. La ambigüedad del texto posibilita la interpretación plural y el sentido se disemina, entre otras direcciones, hacia un referente político-social vinculado a la reacción contra el poder dominante. Los dramaturgos tienden a mostrar una realidad degradada. Para lograr este efecto echan mano, entre otros artilugios, de la intertextualidad, los anacronismos y la parodia. La obra dramática de Philippe Minyana, cuyo texto Volcán (1988) analizaremos tomando como eje de investigación el microuniverso corporal creado por el autor, se inscribe en esta tendencia.