«Además de conceptos y saberes, la filosofía lega imágenes» (p. 11). Así comienza el libro de Mariana Dimópulos, quien, como Benjamin, cultiva a la vez los oficios de escritora y traductora (ha publicado tres novelas y ha traducido a Adorno, Benjamin y Heidegger, entre otros). Esa simple frase ofrece una clave para comprender el tono del escrito: la autora evitará limitarse a la llave tradicional del concepto para ingresar en el universo que nos legó Walter Benjamin y echará mano, también, de las potentes imágenes que pueblan su producción y de aquello que desde antiguo linda con las imágenes: las ideas.