El primer caso de equinococosis ósea es el de Cullerier, descripto por Gangolphe, de 1801. Se trataba de un tumor del tercio superior de la pierna, que al abrirlo revela la presencia de vesículas hidáticas, los acefalocistos de Iaennec. En 1838, Dezeimeris J.S. publica el primer estudio, con revisión general, consagrado al tema, en el que figura unguaso de fémur, siendo éste el primero que puede recogerse en la literatura.