En la década de los noventa surgen dos iniciativas simultaneas en el estado mexicano de Quintana Roo que, con el objetivo de impulsar el turismo, construyen y explotan discursos sobre la oportunidad "de experimentar el contacto con la cultura maya viva". Por un lado, el gobierno de Quintana Roo se suscribe al proyecto Mundo Maya organizado por Guatemala, por otro, la Asociación de Hoteles y Condominios de Playa del Carmen A.C. registra la marca "Riviera Maya". De este modo, se abre un nuevo mercado en torno a la identidad y la cultura que demanda fuerza de trabajo para ocupar espacios como representantes de lo maya. Puesto que la noción de lo maya es por demás ambiguo, esta ha tenido que pasar por un constante proceso de invención de la tradición y de apropiación de quienes se presentan como tales. Esta forma de ganarse la vida es diferente a aquellos trabajos basados en la producción directa de mercancías, son los sujetos/fuerza de trabajo quienes, como mercancías en el mercado laboral de lo étnico, se deben estar moldeando constantemente para cumplir con las necesidades de ese mercado. El objetivo de la ponencia es presentar la propuesta general de mi proyecto de investigación doctoral en antropología social. Se trata de la forma en que, a partir de la construcción de un mercado laboral en la zona conocida como la Riviera Maya, se forma, a un mismo tiempo, un circuito de migración de fuerza laboral del centro de México hacia al sur, y un circuito de circulación de mercancías del sur al centro (pieles y plumas exóticas), cuando los danzantes, fuerza de trabajo en el mercado de lo "maya", regresan a sus lugares de origen. En el marco de este doble circuito es en dónde se está moldeando de manera constante una imagen de lo maya y distintas formas de experimentar "la cultura" en términos de clase.